Martes 12 de Marzo de 2013
Por obvias razones todas las personas necesitamos encontrarnos sanas. Pero esporádicamente debemos ayudarnos con determinados fármacos. Cuando nos enteramos de sus precios se nos agrava la enfermedad. En el mundo circulan miles y miles de ítems con similares componentes. La industria farmacéutica alquila, vende royalties o trueca fórmulas originales evitando así costosos trabajos de investigación. Pretendíamos que la ley de oferta y demanda hiciera bajar números debido a la variedad exhibida. Pero no fue así, los precios están por las nubes igualmente. Hay una evidente falta de control que arranca desde el costo industrial, los márgenes de droguerías, los gastos publicitarios con dádivas incluidas, las ganancias comerciales en el mostrador. El organismo público nacional (Anmat) conoce los precios y se manifiesta conforme. Resulta que una caja de 30 pastillas antiácidas de 40 mgs cuesta 170 pesos; $ 40 cuestan 30 suplementos vitamínicos de 5 mgs (ácido fólico); $ 123 hay que oblar por 28 antihipertensivos de 12,5mg; $ 62 cuestan 50 ansiolíticos de 2 mg; $ 96 un relajante muscular con 20 unidades; $ 40 un antiespasmódico en frasco de 50 cc. y así sucesivamente. Estoy hablando de fármacos comunes y corrientes con mucha palabrería en sus folletos. Fármacos de los que anualmente se consumen millones y por tan simple razón deberían reacomodar sus precios hacia abajo. No quiero extenderme con antibióticos que están en el mercado desde hace décadas y siguen costando desde 200 hasta 400 pesos por envase, o psicofármacos (cada vez con mayor demanda) que arrancan en 400 pesos. Las 50 tiras reactivas para determinar azúcar en sangre están por arriba de los 300 pesos. Destaco que estos precios son reales, verificados por mí y soy responsable de esta afirmación. Será necesario que la Secretaría de Comercio Interior se aboque inmediatamente a controlar este tema prioritario para la salud de toda la población, especialmente los pasivos.
Rubén Mario Baremberg / DNI 6.012.531