Miércoles 29 de Abril de 2009
"Me dio la impresión de que al principio intentaron tapar este desastre en el que ahora estamos inmersos y del que los mexicanos no saben cómo salir", comentó ayer Raúl C, un rosarino que acaba de regresar del Distrito Federal luego de haber desarrollado actividades laborales a unos 300 kilómetros de la capital mexicana.
También comentó que le sorprendió el hecho de haber visto la semana pasada al DF con todo su potencial de gran urbe —de nivel mundial y con sus calles "hechas un verdadero hormiguero"— y que en pocos días apareciese "con muy pocos transeúntes con barbijo y temerosos de que cualquiera les contagie el mal".
Raúl relató las distintas experiencias que debió afrontar en los aeropuertos de Santiago (Chile) y de Ezeiza cuando "la bomba ya había estallado". En la aeroestación del país trasandino "me revisaron a fondo porque querían verificar que yo no estuviese enfermo y solamente se quedaron más o menos tranquilos cuando comprobaron que no había problemas".
Raúl precisó que una de las primeras víctimas mortales de la gripe porcina fue el director del Museo de Antropología de México, quien falleció el viernes de la semana pasada. "Este hombre era una eminencia, reconocido mundialmente y para más datos amigo íntimo de Barack Obama", recordó Raúl.