Construcción perversa
Si le deseas la peor de sus vivencias a tu enemigo, entonces haz que viva, pared de por medio, al lado de la construcción de un edificio de departamentos de 120 pisos. Ahí verás y escucharás los...

Jueves 14 de Febrero de 2013

Si le deseas la peor de sus vivencias a tu enemigo, entonces haz que viva, pared de por medio, al lado de la construcción de un edificio de departamentos de 120 pisos. Ahí verás y escucharás los tremendos ruidos que hacen con sus obsoletas maquinarias y también cómo se comunican verbalmente a los gritos a través del hueco del ascensor, para poder escucharse entre los que construyen la torre. Ya hace más de cuatro años de semejante atropello y violación de los derechos humanos, pues esto es demasiado atroz para soportarlo. Por otra parte, son cuatro los edificios torres que están construyendo. Esta situación así descripta pretende, al menos, que comprendan en parte el tremendo suplicio que implica vivir medianera de por medio de semejante atrocidad. Para algunos de los representantes de la Cámara de la Construcción se trata solo de ruidos necesarios, que ocurren en cualquier construcción; pero omiten el detalle de que están haciendo estas obras con maquinarias obsoletas. En el mundo moderno ya se ha suplantado estas maquinarias por instrumentos nuevos que permiten  mitigar los ruidos y paralelamente ayudar a los operarios en la protección de sus vidas. Quiero destacara además que en mi propiedad, como en las de mis vecinos, ya hay grietas y rajaduras por todos lados. También las terrazas están totalmente deterioradas por todos los escombros y demás cosas que  han caído sobre  la misma. El daño está hecho y tal vez alguna vez lo reparen, pero del daño moral, de la invasión a la privacidad, de la falta de intimidad, ¿quién se hace cargo? Han violentado todos nuestros derechos y aún reparando los daños materiales, jamás podrán reparar los daños morales, pues se trata de daños irreparables al ser humano. La perturbación mental ya está hecha, el daño sicológico indescriptible, esta tortura mental la llevaremos encima por el resto de nuestras vidas. Ni siquiera respetan los horarios de trabajo y el descanso en una casa de familia. Nadie hace nada para protegernos, y como dicen algunos funcionarios sobre este y otros delitos: sólo se trata de una sensación.

Armando Torres Arrabal