Conmovedora historia de un polaco y una alemana separados por la guerra
La alemana Elvira Profe (de 83 años) y el polaco Fortunat Mackiewicz (de 89) viven una increíble historia de amor que se inició en la ciudad polaca de Mieszkowice en medio del caos que siguió a la Segunda Guerra Mundial y que tuvo como escenario a una Polonia cuyas fronteras cambiaban conforme los aliados resultaban victoriosos y expulsaban a millones de alemanes.

Domingo 04 de Octubre de 2009

La alemana Elvira Profe (de 83 años) y el polaco Fortunat Mackiewicz (de 89) viven una increíble historia de amor que se inició en la ciudad polaca de Mieszkowice en medio del caos que siguió a la Segunda Guerra Mundial y que tuvo como escenario a una Polonia cuyas fronteras cambiaban conforme los aliados resultaban victoriosos y expulsaban a millones de alemanes.
  La relación de la pareja floreció incluso cuando sus pueblos hervían de odio mutuo y sobrevivió a la Guerra Fría. Ahora, a 70 años de que estallara la Segunda Guerra Mundial y 20 años que terminara la Guerra Fría, Elvira y Fortunat se casaron.
  En enero de 1946, Profe fue una de las pocos ciudadanos alemanes que dejaron la ciudad de Mieszkowice, que se convirtió en parte de Polonia después de la derrota nazi. Fue deportada y estuvo enferma y malnutrida casi un año, el tiempo que pasó en un campo de trabajos forzados en Siberia.
  Elvira, quien había sido la hija de un privilegiado propietario de una fábrica, cuando regresó a la ciudad que ella había conocido con el nombre de Baerwalde y ahora se denominaba Mieszkowice, pesaba 33 kilos. Su espalda estaba dañada por el trabajo pesado y, a los 20 años, ya le estaban brotando canas.
  Su familia tenía que pedir pan y leche para sobrevivir.
  Un día, a pedido de su familia, Elvira llamó a la puerta de los Mackiewicz, quienes fueron amables con ella.
  Cuando Fortunat, que tenía 25 años, la vio por primera vez su primera emoción fue de una enorme lástima. “Ella era más flaca que un escarbadientes”, recordó hace pocos días.
  Elvira pasaba días enteros con la familia de Fortunat ayudando a ordeñar las vacas de la granja y en otras tareas rurales. “Primero fuimos amigos y se generó entre nosotros una gran confianza. Luego llegó el amor”, dijo Fortunat.
  Un año después, en 1947, cuando Mackiewicz fue al Ayuntamiento solicitando permiso para casarse, las autoridades reaccionaron con horror. El padre de Elvira no era más que un alemán y encima un capitalista, un doble pecado ante los ojos de la burocracia comunista polaca.
  Se ordenó a la familia Profe que saliera de la ciudad. Ellos, entonces, se separaron pero antes intercambiaron fotos.
  Fortunat se casó con otra mujer en 1960 y dio la foto de Elvira a su padre para que la tuviese. Ella mantuvo la de Fortunat en su cartera y nunca se casó. Dedicó sus energías a ayudar a dirigir una nueva fábrica de su familia en Alemania y después trabajó con niños discapacitados en Berlín.
  En una visita que Elvira hizo a Polonia en la década de 1990, encontró un primo de Fortunat que le dijo que él vivía en Mlynary, una ciudad en el norte de Polonia, en un taller de reparación de maquinaria agrícola.
  Ella le escribió y, con gran sorpresa recibió la respuesta de Fortunat. En 1995 se reunieron en el estacionamiento de una estación de tren de Polonia. “Estábamos a cinco metros de separación y él me llamó con recelo ¿«Elvira»?, y yo le respondí «¿Fortek»?. Nos abrazamos muy fuerte y los cincuenta años de separación se desvanecieron” contó.
  Fortunat pudo divorciarse de su primera mujer y hoy está casado con Elvira con quien comparte una casa blanca en la ciudad donde se conocieron. l