Domingo 18 de Marzo de 2012
"Yo como mamá sabía que mi hija estaba muerta, lo sentía. No necesito que le hagan un ADN, sé que es mi hija". Así se expresó siete meses atrás Norma Gómez cuando en una casa abandonada de La Florida se hallaron enterrados bajo varias capas de cal restos óseos que ella, desde entonces, dijo que pertenecían a su hija Rocío Daiana, que tenía 17 años y de la cual no sabía nada desde febrero del año pasado. Esa sensación dolorosa fue compartida por la jueza de Instrucción María Laura Sabatier, quien en el mes de noviembre procesó y envió a juicio a dos hombres como autores del crimen de la joven, aún cuando en ese mismo mes un primer estudio de ADN hecho a los restos no pudo arrojar precisiones acerca de la identidad de la víctima. Pero ambas mujeres tenían razón. Una nueva pericia sobre esos huesos determinó que eran los de Rocío. Y Norma lo supo de boca de la propia jueza el viernes, cuando en Tribunales le confirmaron lo que ella ya sabía.
La triste historia de Rocío empezó a desencadenarse a mediados de 2010. Por entonces la chica trabaja en una granja de calle Valle Hermoso al 1200, en la zona norte de Rosario, propiedad de Juan José Pijuán Lazo, un hombre al que Norma ya conocía como vecino suyo en la ciudad de San Lorenzo. Con el paso del tiempo, el hombre y la joven conformaron una pareja que desbarrancó en poco tiempo y en noviembre de ese año Rocío volvió a su casa materna.
Sin embargo, el 25 de febrero de 2011 Lazo la llamó por teléfono y la invitó a ir al shopping junto al pequeño Kevin Alejandro, el hijo que Rocío había tenido y que Pijuán dijo era de él. La chica aceptó la invitación. Al otro día le envió a su mamá un mensaje de texto y le pidió que le llevara su moto al negocio de calle Valle Hermoso porque Pijuán se la quería comprar para ayudarlos por el mal momento económico que atravesaban. Así, Norma y su concubino llevaron el rodado hasta la granja, donde también vivía Rosa, hermana de Lazo.
Día fatal. Según el trágico relato que Norma hiciera después, Pijuán estaba en el lugar junto a otros hombres, entre ellos su hermano Hernán (aún prófugo), un tal Joni y el Gordo. Entonces, dijo la mujer, "apareció Juan José armado y me gritó: «Me sacaste a Rocío y ahora me querés robar al nene». Insistía en que yo quería mandar a mi hija a otro lado para separarlos y que mi nieto era hijo suyo".
La mujer relató que a su marido lo ataron y lo golpearon y que tanto ella como su hija fueron abusadas sexualmente por los cuatro hombres. Que tras ello la tiraron junto a su pareja y que volvió a ver a su hija por última vez, "con la cabeza rapada y atada con cinta" de embalar. Tampoco volvió a ver a su nieto.
Norma también recordó que en esa casa, y bajo amenazas, les hicieron firmar los boletos de compraventa de las dos motos de la familia y otros en blanco. Después de eso Norma y su familia se marcharon a Buenos Aires ante el temor de sufrir represalias y allí hicieron la denuncia que dio pie al caso.
Exámanes. El 8 de mayo el pequeño Kevin fue hallado sano y salvó en un descampado de San Nicolás y quedó bajo la custodia de su abuela. Después llegaría el macabro hallazgo de los restos óseos en la finca de Martín Fierro al 600, en La Florida. Fue el 13 de agosto de 2011.
Sin embargo, en noviembre un primer examen de ADN realizado en el ex Ceride de la ciudad de Santa Fe (dependiente del Conicet) no permitió su identificación "ni determinar los genes porque los huesos estaba invadidos de cal". Pero tanto Norma como la jueza Sabatier insistieron con que se realicen nuevas pruebas ya que ambas estaban convencidas que esos huesos eran de Rocío. El examen se hizo en Buenos Aires y determinó una coincidencia del 99 por ciento con el ADN de la chica.
"Es el cuerpo de Rocío. La noticia me la dio la jueza el viernes a la mañana. Estoy destrozada pero también tengo un poco de paz porque yo sabía que era el cuerpo de mi hija", confió Norma tras la peor confirmación.
Por el crimen de Rocío la jueza Sabatier procesó a Juan José Pijuán Lazo y a Jonatan Raúl Joni Vargas como coautores de privación ilegítima de la libertad doblemente calificada por uso de violencia, amenazas y/ o venganza, y por el uso de armas de fuego, lesiones, robo calificado por uso de armas de fuego y abuso sexual con acceso carnal agravado por el uso de arma de fuego. Además, a Lazo le imputó homicidio y tenencia ilegítima de arma de guerra. Otras seis personas fueron procesadas por el encubrimiento agravado del triste episodio.