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Condenan a un martillero por fraguar una subasta para quedarse con un auto

Además de la condena penal, el fallo hizo lugar a una demanda civil por la cual deberá pagar 48.615 pesos más intereses al dueño del auto, quien realizó un reclamo por daños y perjuicios

Jueves 02 de Abril de 2015

Un martillero rosarino fue condenado a 3 años de prisión condicional e inhabilitación absoluta para ejercer u ocupar cargos públicos por fraguar un remate para quedarse con un auto que estaba a su cargo y que puso a nombre de su novia. Además de la condena penal, el fallo hizo lugar a una demanda civil por la cual deberá pagar 48.615 pesos más intereses al dueño del auto, quien realizó un reclamo por daños y perjuicios porque, como la subasta fue trucha, no se notificó el remate a la financiera donde había comprado el vehículo, la compañía siguió intimándolo por años y lo incluyó como moroso incobrable en el Veraz.

El martillero Osmar Isdal Benítez, de 73 años, fue condenado por el juez de Sentencia José Luis Mascali como autor del delito de peculado, figura que se aplica al funcionario que se apropia de efectos que está encargado de custodiar. Además deberá fijar residencia y someterse al cuidado de un patronato. En el mismo fallo fue absuelta la mujer, que había sido imputada y procesada. El juez entendió que sólo firmó un acta falsa que no llegó a usarse y que fue el martillero quien cometió el ardid "para provecho propio".

El auto, un Volkswagen Gol modelo 2000, estuvo inhallable durante años. Fue encontrado el 17 de octubre de 2013 estacionado en Balcarce entre Cochabamba y Pellegrini, a media cuadra de Tribunales, y secuestrado por la policía. Ahora se dispuso su remisión al juzgado donde se tramitó el secuestro.

Por una carta. El caso se conoció a través de una carta de lectores publicada en La Capital el 28 de julio de 2007. En el texto, Miguel Angel Gace hizo públicos los trastornos que un mes antes había denunciado penalmente. El hombre, que vive en Venado Tuerto, juntó unos ahorros y decidió comprar un Volkswagen Gol del que abonó la mitad en efectivo y el resto financió en cuotas con un crédito prendario. Pero en los años 2002 y 2003 se complicó su situación económica y ya no pudo hacer frente al compromiso.

Ante esa deuda, la financiera de la compañía automotriz decidió ejecutar la prenda e inició un juicio. Un juez Civil ordenó secuestrar el auto y lo envió a subasta. Y un oficial de Justicia retiró el vehículo de la agencia donde su dueño lo había puesto a la venta. Para el trámite fue designado el martillero Osmar Benítez.

Gace pensó que todo había terminado ahí. Pero con el paso de los años fue contactado para "legalizar su situación" en la financiera y entonces advirtió que algo raro había pasado. Fue a averiguar al Registro de la Propiedad Automotor y constató que luego de seis años, pese a haberse ejecutado la orden judicial de secuestro, el auto seguía a su nombre y no se habían realizado los trámites de rigor. Incluso le llegaban multas y patentes impagas. En la entidad crediticia el trámite de secuestro del auto figuraba como "frustrado". La persecución administrativa fue tal que Gace hasta quedó registrado en el sistema Veraz con una de las categorías más graves: deudor moroso incobrable.

El dato. Cuando Gace publicó la carta de lectores un hombre se comunicó con él y le aportó los datos del martillero y su pareja. Dijo que se resistían a abandonar una propiedad que le habían alquilado a una amiga en el macrocentro y que por entonces ocupaban. Y que, tras una fuerte discusión para que se fueran, lo había visto retirarse a Benítez en el Volkswagen con la patente que figuraba en la carta.

Al iniciarse la investigación penal se constató que existía un acta de la subasta indicando que supuestamente se realizó en Rosario el 27 de junio de 2011 y que la beneficiaria resultó A.E.G., la pareja del martillero. Pero el acta nunca ingresó a la causa judicial. Y la empresa financiera nunca se enteró de la subasta, por lo que siguió intimando a Gace.

Para más datos, el Colegio de Martilleros informó que no había registro oficial de una subasta el día mencionado en el acta y "menos aún a las 15.30, porque los actos de remate se cumplen de forma estricta de 8 a 14".

La pareja fue citada entonces a dar explicaciones. Los dos negaron los hechos. Transcurrido el juicio escrito (y con numerosa prueba documental a la vista, careos y pericias caligráficas) el juez Mascali consideró "acreditado con certeza" que Benítez dispuso de manera fraudulenta de un auto que debió custodiar, que fingió labrar un acta de una subasta inexistente para apropiárselo y que lo usó en provecho propio durante años.

"En definitiva el martillero Benítez se apoderó ilegítimamente del vehículo por años. Nunca realizó la subasta y nunca dijo dónde estaba el rodado. Falsificó un acta con la ayuda de su pareja y la nombró a ella como beneficiaria mientras él usaba el auto como si nada hubiera pasado", concluyó. "El imputado ha sido reticente con la Justicia, accionando fraudulentamente", consideró, además de evaluar que con el ardid le causó "un enorme perjuicio" a Gace, por los años en que no pudo usar el auto, ni cerrar el reclamo por la deuda ni contraer nuevos préstamos, perjuicios por los que ahora deberá resarcirlo.

 

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