Concluyó el papado de Benedicto, el primero que dimite en 7 siglos
Benedicto XVI dejó de ser Papa ayer a las ocho de la noche, tal como había anunciado, y prometió convertirse en "simple peregrino" de una Iglesia obligada a encontrarle un sucesor tras su...

Viernes 01 de Marzo de 2013

Benedicto XVI dejó de ser Papa ayer a las ocho de la noche, tal como había anunciado, y prometió convertirse en "simple peregrino" de una Iglesia obligada a encontrarle un sucesor tras su histórica renuncia, la primera de un pontífice en siete siglos.

El Papa alemán, de 85 años, viajó por la tarde en helicóptero desde el Vaticano hasta la residencia de Castelgandolfo, desde donde impartió su última bendición a los fieles antes de cerrar ocho años al frente de una institución sacudida por escándalos e intrigas.

El Vaticano entra así oficialmente en período de "Sede Vacante" abriendo la vía a la celebración de un cónclave que podría iniciarse en torno al domingo 10 venidero para elegir al próximo jefe de la milenaria institución. Cuando sonaron las ocho en punto en el campanario de Castelgandolfo, la bandera del Vaticano quedó a media asta y dos guardias suizos en uniforme de gala a rayas azules y amarillas cerraron las dos grandes puertas de la residencia papal, marcando simbólicamente el fin de su pontificado. "Ya no seré Papa [...] Soy simplemente un peregrino que inicia la última etapa de su peregrinación por esta tierra", dijo Joseph Ratzinger, llamado en adelante "Papa Emérito", en su último mensaje desde el balcón del palacio. "Gracias a todos", fueron sus palabras como Pontífice.

Benedicto XVI anunció inesperadamente el 11 de febrero la decisión de renunciar a su misión, por "falta de fuerzas".

Benedicto XVI, el primer Papa que renuncia a su cargo en 700 años, concluyó ayer formalmente un pontificado de ocho años, marcado por los esfuerzos de la Iglesia para dejar atrás los escándalos por abusos sexuales imputados a varios clérigos y para revivir el catolicismo en un mundo que parece cada vez más indiferente a la religión.

El Papa había abandonado a media tarde sus apartamentos del Vaticano, caminando lentamente con un bastón, mientras su secretario Georg Gaenswein lloraba desconsoladamente Al iniciar su última jornada como Papa, pidió "unidad" a la Iglesia, en una breve ceremonia de despedida ante 144 cardenales reunidos en la Sala Clementina del palacio apostólico en el Vaticano. También prometió "reverencia y obediencia" a su sucesor, que será elegido en un cónclave de cardenales. Según el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, esa afirmación demuestra que no tiene "ninguna intención" de interferir en las decisiones del futuro Papa.

En una alocución imprevista en la Sala Clementina del Vaticano, adornada con frescos, el Pontífice pareció tratar de restar importancia a preocupaciones sobre posibles conflictos a consecuencia de la peculiar situación de que existan a la vez un Papa en funciones y otro retirado.

También emitió varias instrucciones finales a los "príncipes" de la Iglesia que escogerán a su sucesor, exhortándolos a ser más unidos cuando se reúnan para escoger al 266º líder de los 1.200 millones de católicos del mundo.

"Que el Colegio Cardenalicio funcione como una orquesta, con diversidad —una expresión de la Iglesia universal— que siempre apunte a un acuerdo superior y armonioso", dijo.

Fue una clara referencia a las profundas divisiones internas que han salido a relucir en meses recientes tras la publicación de documentos delicados del Vaticano que expusieron batallas por el poder y alegaciones de corrupción en la Santa Sede.

El momento fue tan singular como la decisión de Benedicto XVI de retirarse. El Papa de 85 años, con su capa de terciopelo rojo y con un bastón, se despidió de sus asesores más cercanos y de los cardenales, quienes se inclinaron a besar su anillo del pescador por última vez.

"Entre ustedes está también el futuro Papa, a quien hoy prometo mi reverencia y obediencia incondicionales", expresó Benedicto XVI en su última audiencia.

La sombra de Benedicto. La decisión del Papa, que incluye retirarse a vivir en el Vaticano, ser llamado "Papa emérito" y "Su Santidad" y vestir la sotana blanca asociada con el papado, ha profundizado las preocupaciones sobre la sombra que pudiera proyectar sobre el próximo Pontífice. Pero Benedicto XVI ha tratado de aliviar esas preocupaciones durante las últimas dos semanas, expresando que una vez retirado estaría "oculto del mundo" y llevaría una vida de oración.

En su última alocución en la plaza de San Pedro anteayer, dijo que no regresaba exactamente a la vida privada, sino a una nueva forma de servicio a la Iglesia mediante la oración.

El vocero vaticano, reverendo Federico Lombardi, dijo que el juramento de obediencia del Pontífice era congruente con su intención de "explicar cómo piensa vivir esta situación sin precedentes de Papa emérito".

"No tiene intenciones de inmiscuirse en la posición o las decisiones o la actividad de su sucesor", dijo Lombardi. "Pero, como cualquier otro miembro de la Iglesia, dice que reconoce la autoridad del pastor supremo de la Iglesia que será elegido para sucederlo".

La cuestión de la obediencia al Papa es importante para Benedicto. En su último documento legal, incluyó disposiciones nuevas para que los cardenales juren públicamente su obediencia al nuevo Papa en su misa de entronización, además del juramento privado que formulan tradicionalmente en la Capilla Sixtina poco después de la elección.

Tras el encuentro, Benedicto abandonó el palacio por última vez como Pontífice, se dirigió al helipuerto en lo alto de la colina en los jardines del Vaticano y se trasladó al retiro papal de Castelgandolfo, al sur de Roma.

El helicóptero, de color blanco, despegó a las 17.07 locales desde los jardines del Vaticano mientras repicaban las campanas en todas las iglesias de Roma. Tras 17 minutos de vuelo llegó a Castelgandolfo, donde le esperaban miles de feligreses.

Sonaron las campanas cuando el helicóptero con Benedicto a bordo sobrevoló la plaza de San Pedro. Tañeron nuevamente cuando arribó a la población de las afueras, donde la plaza central estaba atestada de gente ávida por tomar fotos del momento histórico.

Allí, las puertas se cerraron para marcar el final del papado, y la Guardia Suiza, el servicio de protección del líder de la Iglesia Católica, se aprestaba a retirarse a sus cuarteles, por ahora.

Benedicto XVI vivirá en la residencia de Castelgandolfo, un pequeño pueblo a 25 kilómetros de Roma, durante dos meses antes de instalarse definitivamente en un antiguo convento del Vaticano reformado para acogerlo.

Se espera que el lunes los cardenales comiencen a reunirse para fijar la fecha del cónclave.

El Papa se despidió también del mundo mediante su último mensaje desde su cuenta de Twitter, (at) Pontifex. "Gracias por vuestro amor y cercanía. Que experimentéis siempre la alegría de tener a Cristo como el centro de vuestra vida", escribió.