Con paciencia y ternura
Lala Hutaro, doña Lala, aquella anciana vecina de mi infancia, en Granadero Baigorria, fue una verdadera maestra de la vida. Ella con paciencia y ternura nos enseñaba que teníamos que ser buenos.

Domingo 24 de Junio de 2012

Lala Hutaro no me dijo toda la verdad. Lala Hutaro, doña Lala, aquella anciana vecina de mi infancia, en Granadero Baigorria, fue una verdadera maestra de la vida. Ella con paciencia y ternura nos enseñaba que teníamos que ser buenos. Recuerdo textualmente algunas de sus expresiones: "Hay que hacer siempre el bien, sin mirar a quien". "Hay que cuidarse de la maldad, no hay que andar en mala junta". Incluso, a veces, nos advertía respecto a algunos compañeros con la terrible sentencia: "Es la piel de Judas". Pasaron los años y, durante mi secundaria, tomó relieve mi profesor de Ersa (¿se acuerdan?). Así se llamaba aquella materia: Estudio de la Realidad Social Argentina. Mi querido profesor L. Pepatti nos advertía que no sólo la maldad destruye al hombre. Y nos decía que era tremendamente cierto lo que un gran escritor, Isaac Asimov (ruso, 1920-1992), había expresado. Y cito textualmente: "Contra la estupidez humana tampoco los dioses pueden luchar con éxito". Sí, maldad y estupidez recortan nuestras alas de humanidad. Llamados a una existencia sublime, elevada. Dotados de inteligencia, libertad y capacidad ilimitada de amor. Maldad y estupidez nos recortan las alas convirtiéndolas en muñones grotescos. Y aquel viejo profesor nos insistía: tienen que ser águilas, ganar alturas, tener horizontes grandes, metas grandes; no se conformen con ser aves de corral. ¡Cuánta razón profesor Pepatti!

Walter Kuhry