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Con New York Dolls volvió el rock and roll de clubes

Una gran fiesta del rock and roll. Los New York Dolls, que saben una montaña de eso de recuperar el primitivismo del rock and roll, tanto en concepto musical como en actitud, tuvieron que venir hasta aquí nomás, en el pulmón de Pichincha, subir al púlpito del Dixon, y volarle la cabeza a un privilegiado medio millar de rosarinos.

Lunes 20 de Abril de 2009

Una gran fiesta del rock and roll.
   Hastiados de tantos subgéneros que cada vez alejan más al rock del propio rock y un poco hartos de conciertos para estadios donde cada gesto tiene que ver cada día más con la inocuidad de un pop lavadito, ¡qué bien hace una noche de club y rock and roll!
   Y los New York Dolls, que saben una montaña de eso de recuperar el primitivismo del rock and roll, tanto en concepto musical como en actitud, tuvieron que venir hasta aquí nomás, en el pulmón de Pichincha, subir al púlpito del Dixon, y volarle la cabeza a un privilegiado medio millar de rosarinos.
   El quinteto neoyorquino liderado por el cantante David Johansen y el guitarrista Sylvain Sylvain —miembros originales de la banda de los 70— subió al escenario y en los dos primeros temas calentó motores, como probando el aire denso y con olor a birra y faso de la madrugada del Willie Dixon. El “¡Houla Rousario!” del carismático Johansen fue como un trueno en medio de un infierno de guitarras afiladas y preocupadas por un par de acoples no previstos. Johansen, como una momia flaca y apretadita en un conjunto de jean y camisa roja de mangas largas oxford y anteojos de tía abuela, se movía lentamente y con gracia por el escenario. Su voz está intacta, algo más gruesa que en los jóvenes 70.

Las fuentes del R&B. El sonido de los NYD, que terminó influyendo en bandas que hicieron historia en el rock como los Ramones, los Motley Crüe y The Smith, proviene de la misma fuente del rhythm and blues en que se sumergieron los Rolling Stones y los Who, aunque aportándole una visión muy particular y fogueada a partir de un rock sucio, urbano y sin prejuicios. Eso sí, a Rosario los veteranos Dolls no llegaron vestidos de callejeras suburbanas, apenas unas prendas apretadas como mortajas y sombreros y gorras robadas de pinturas de Rembrandt.
    Con el estribillo de “We’re All in Love”, del álbum del regreso de la banda “One Day It Will Please...” (2006) y con Johansen invitando a corear al público, empezaron a desaparecer las dudas en el escenario. A renglón seguido con el estribillo pegadizo de “Pills” (Píldoras) —versión del clásico de Bo Diddley que los NYD incluyeron en su primer LP— los jovencitos (casi no había veteranos rockeros que, al parecer, en Rosario sólo se mueven por las bandas de rock sinfónico que llegan a la ciudad) se desmadraron. Todos acompañaban como podían aquello de “ella entró en mi cabeza/ la enfermera del rock and roll/ entró en mi cabeza/ mientras yo estaba en la cama del maldito hospital”. Todo un himno en las noches setentosas del CBGB y del Mercer Arts Center, antros neoyorquinos de aquellos tumultuosos años, trasladado al Dixon siglo XXI.

Como la primera vez. La noche de club del rock and roll no se detuvo hasta las 3 de la madrugada. Se escucharon varios clásicos más de la banda, como la proto-punk “Trash”, “Personality Crisis”, “Piece of my Heart” y “Bad Girl”. Los incombustibles NYD tocaban con las ganas de la primera vez. Johansen cantó como si estuviera grabando un disco en vivo en el Carnegie Hall; sonreía y se divertía como un chico, y Sylvain le metía a la viola con la entrega con la que lo haría un chico para darse a conocer.
   En la memoria del Dixon seguramente quedará en el recuerdo la noche en que los New York Dolls, una página fundamental de la historia del rock, pisó su escenario. La banda que cumplió como ninguna otra su propio epitafio cuando editó su segundo LP “Too Much Too Soon” (Demasiado, demasido pronto): la breve trayectoria de un grupo ignorado y despreciado en su época pero de incalculable influencia posterior entre la camada de bandas punk que cambió la cara del rock a fines de los 70.

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