Lunes 24 de Septiembre de 2012
Mi capacidad de asombro no tiene límites. Estoy viendo la tele, donde dan cuenta de esta banda que operaba en Berazategui, apodada "nenes bien", que asaltaba a abuelos y que fue desbaratada días atrás, luego de escuchas telefónicas que los incriminaban. Ante tanto dolor y estupor, no puedo dejar de preguntarme si estos sádicos no tienen o no tuvieron abuelos. ¿Qué escala de valores mamaron en sus hogares? ¿En qué cabeza puede gestarse semejante atrocidad? Y sus padres, ¿habrán dado tan malos ejemplos para que sus hijos terminen convertidos en estas lacras siniestras, sin corazón ni piedad? ¿Qué podrán esperar de ellos, cuando ya mayores, necesiten de su cuidado? ¿Correrán la misma suerte, que aquellos abuelos a los que sus hijos maltrataban? Es evidente que hay una parte de nuestra sociedad que está muy enferma y estos insensibles son parte de ella. ¿Cómo puede entenderse que una estudiante del último año de la universidad, perteneciente a una familia de clase alta, que se supone tiene una vida holgada, sea la jefa o la entregadora de esta banda? ¿Qué tan malo le pasó en su corta vida a ella y a sus cómplices, para ensañarse con estos seres humanos vulnerables, que deberían terminar sus días rodeados de afecto y contención? Con el agravante, en su caso, de ser una mujer, que se la asocia con la maternidad, con la maravillosa misión de dar vida, dar amor y paradójicamente en esta instancia: sembrar el miedo y el dolor entre los abuelos. Por todo esto, imploro: "¡Con los abuelos, no!".
Mirta D'Espósito