Jueves 10 de Marzo de 2011
Tanto en las cuestiones trascendentes de la vida, como en el fútbol, tropezar dos veces con la misma piedra es una tontería; aunque aquí tendría que usar una palabra más contundente, como decía el genial Fontanarrosa. En la historia futbolera hay innumerables casos en los que un equipo iba ganando por 2 o 3 a 0, y pensó que el rival estaba deportiva y moralmente destrozado. Entonces "levantó el pie del acelerador" y con un juego insólitamente despreocupado, le regaló el empate al contrario, lo que lo agrandó y le permitió ganar finalmente el partido. Es que ya se sabe lo que suele pasar cuando se deja recuperar al contendiente; éste se cree el Barcelona y ya no hay quien lo pare. Pero lo más curioso es que no aprende de esa experiencia, ni la de los demás. Hace unos años en el Monumental, en los tiempos de "Gambetita" Latorre y del "Manteca" Martínez, Boca ganaba 3 a 0 pero empezó a "sobrar" a River y éste empató; y no ganó porque ya no hubo más tiempo. Como hincha de Boca fue tal la indignación y la amargura que sentí, que le escribí una extensa nota a Víctor Hugo Morales en la que cuestionaba la absurda actitud del cuadro de la ribera. El periodista leyó mi nota en su programa, lo que al menos, obró a manera de pobre consuelo para mí. Como habrán adivinado, este comentario surge a partir del 3 a 3 entre Newell´s y Huracán, y del 4 a 3 entre Racing y Olimpo. Los entrenadores, además de elegir los mejores jugadores y de enseñarles tácticas defensivas y ofensivas, debieran inculcarles hasta el cansancio que cuando se va ganando por 2, 3 o 4 goles a 0, hay que seguir convirtiendo hasta alcanzar un resultado prácticamente irremontable; y aun así, no dormirse en los laureles, o como dicen algunos comentaristas, no hacer la siesta. El fútbol se maneja con resultados y estos con goles. Por eso cuando se vislumbra una goleada por la endeblez del rival, nada de ponerse en "perdonavidas" porque puede aparecer el sorpresivo golpe de nocaut. Todo se reduce a no tropezar una y otra vez con la famosa misma piedra.
Edgardo Urraco, urracoweb@latinmail.com