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Con datos precisos robaron un kilo de oro y u$s 600 mil de una fábrica

"Lo que más me llamó la atención es que fueron a los lugares precisos". Miguel Bocale, uno de los dueños de Metalbo SRL, repitió amargamente esa frase tantas veces como se le consultó ayer por el estudiado golpe que sufrió su fábrica, ubicada en Ovidio Lagos al 6800, pasada la medianoche del lunes.

Miércoles 22 de Agosto de 2012

"Lo que más me llamó la atención es que fueron a los lugares precisos". Miguel Bocale, uno de los dueños de Metalbo SRL, repitió amargamente esa frase tantas veces como se le consultó ayer por el estudiado golpe que sufrió su fábrica, ubicada en Ovidio Lagos al 6800, pasada la medianoche del lunes. El atraco fue tan sencillo como basado en información meticulosa. Tres ladrones, que no se amedrentaron por las cinco cámaras de vigilancia que monitorean el playón de la planta de 7.000 metros cuadrados, robaron en tan sólo 20 minutos "más de 600 mil dólares, un kilo de oro y un monedero con alhajas que eran recuerdo" de la madre de Miguel, tal la descripción brindada por el hombre.

El modus operandi de los ladrones estuvo basado en la buena información con que contaban. Llegaron la medianoche del lunes con un camión hasta el ingreso principal a la planta que se erige en Ovidio Lagos 6858 y se estacionaron frente al portón corredizo de la misma. A esa hora la fábrica era custodiada por un solo empleado de vigilancia que estaba en una oficina ubicada a un par de metros del acceso. Al ver a los hombres en el camión, el custodio dejó su oficina y salió al playón. En simultáneo, y sin que el vigilador se diera por enterado, un maleante saltó el enrejado por detrás de la oficina. Así logró sorprender al empleado por la espalda y lo golpeó en la cabeza con la culata del arma que llevaba. Con el guardia maniatado, los maleantes se movieron por la planta como por su casa y siempre comunicados vía Nextel.

"Hay filmaciones, pero no se ven las caras. Sí se ve cuando entran a la planta y cuando van para la oficina, pero tenían puestas capuchas y con bufandas o pañuelos se cubrían el resto de la cara. En las filmaciones se ven tres hombres", explicó Bocale. Y agregó bastante apesadumbrado: "El dinero que se llevaron son los ahorros de diez años. Los teníamos para comprar maquinaria y también había dinero que era de mi sobrino, que pensaba comprar una casa además de las joyas que eran recuerdo de mi mamá". Y se lamentó: "Todo eso lo teníamos acá porque pensábamos que era más seguro que en un banco. Pero no fue así".

A medianoche. La plante de Metalbo tiene dos vías de ingreso. Una por la avenida Ovidio Lagos y la otra por la calle 2133 al 3300, al lado del galpón donde la Empresa Mixta de Transporte urbano de pasajeros guarda los colectivos de sus once líneas. El sábado la fábrica trabajó medio día y cerró sus puertas por el fin de semana largo. Mientras que durante las jornadas regulares de trabajo el portón de ingreso a la planta es operado por un empleado de Metalbo La noche del lunes al martes, en la planta quedó un solo guardia de vigilancia perteneciente a una empresa privada.

Apenas pasada la medianoche del lunes en el ingreso a la fábrica se estacionó un camión con carretón. Al verlo, el empleado de vigilancia salió de la oficina para preguntar qué querían, ya que es inusual que un transportista busque mercaderías de noche, y menos en un feriado. "Venimos a buscar una carga", dijo el acompañante del camionero al vigilador. Antes de que el agente de seguridad pudiera responderle sintió la conmoción del culatazo en la cabeza y sus ojos se llenaron con lágrimas de dolor.

Cuando las estrellas se disiparon de la cabeza del custodio, un maleante con su rostro cubierto por un pasamontaña ya lo estaba apuntado con un arma en la cara. Después lo obligaron a abrir el portón corredizo que se opera desde la oficina que está en el ingreso y así quedó en manos de dos ladrones. El tercero se quedó en el camión.

Conocedores. Hasta ahí los maleantes se movieron con artimañas de ladrones. Pero desde ese momento comenzaron a sacarle provecho a la información que los había llevado hasta la plante de Metalbo. Cruzaron el playón ignorando las cinco cámaras de vigilancia que lo monitorean y entraron a la fábrica. Enseguida se dirigieron hacia la zona de oficinas de la planta alta donde revolvieron algunos cajones y se hicieron con pequeñas cajas de seguridad en las cuales estaba la plata chica.

Luego bajaron y caminaron hasta la oficina en la que estaba escondido el pez gordo. "¿Todo está bien?", era la pregunta que, vía Nextel, le hacía la dupla de ladrones que entró a la fábrica al chofer del camión que aguardaba en el frente. Tras ello ingresaron a la oficina que buscaban y rompieron una pared de durlock en el lugar preciso en el cual, a simple vista, se veía una pared. Allí, en un hueco, hallaron escondida la caja de seguridad en la que se guardaban los 600 mil dólares y las alhajas de oro.

Alguien habló. "Somos cinco o seis personas las que conocíamos la existencia de ese lugar", comentó Miguel Bocale, dando a entender lo que hasta ese momento era un secreto a voces. El dato salió de una persona que conoce al dedillo la oficina donde estaba el dinero. "Los ladrones demoraron más en subir y bajar de una oficina a la otra que en romper la pared de durlok y llevarse el dinero. Para ellos fue como seguir el mapa del tesoro", explicó una fuente allegada a la causa en manos de la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas, quien ordenó que el sumario fuera realizado por efectivos de la Tropa de Operaciones Especiales (TOE).

Una vez que tenían el dinero y las joyas, los ladrones se fueron en el mismo vehículo en el que llegaron: el camión con carretón. "A las doce y media de la noche me llamó el guardia y me dijo que nos habían robado. Cuando llegué, encontré que la oficina era un desastre y el guardia tenía la cabeza rota de un culatazo. Le tuvieron que dar tres puntos de sutura", comentó Bocale. Y remató amargamente: "Son los ahorros de diez años". Ayer por la tarde, efectivos de la TOE observaban las filmaciones en las que se podía ver, como en una película muda, un robo realizado por dos encapuchados con información de primera.

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