Como un río de montaña
Adhiero a la carta que la señora Edith Michelotti titulada: "Un brindis por este espacio", agregando que esta sección, Carta de Lectores, es como un río de montaña: unas veces discurre con la mansedad de las palomas, susurrando entre las piedras y enamorando sauzales.

Sábado 24 de Diciembre de 2011

Adhiero a la carta que la señora Edith Michelotti titulada: "Un brindis por este espacio", agregando que esta sección, Carta de Lectores, es como un río de montaña: unas veces discurre con la mansedad de las palomas, susurrando entre las piedras y enamorando sauzales; un río tranquilo como aquel que al pasar debajo del puente platearon las lunas, según el romántico decir del inolvidable Buenaventura Luna, el poeta del sanjuanino Valle de Huaco. Pero en otros días, la sección tiene la violencia de ese mismo río cuando la lluvia, en la naciente, lo transforma en un aluvión peligroso que arrasa todo a su paso. Desmetaforizando y concretizando la idea, este magnífico ámbito de libre opinión suele aparecer tranquilo; con los reclamos, con las quejas habituales de los lectores que narran sus propias experiencias o se hacen eco de las de sufridos vecinos; y con esos justos reconocimientos a personas y/o instituciones. Hasta que de pronto, un comentario sirve como disparador para la más encendida polémica, y aparecen por unos días opiniones que se hallan a 180 grados unas de otras, expresadas a veces con un cierto componente de agresividad, o para decirlo de manera eufemística, con desbordada pasión. Generalmente cada lector queda aferrado a sus convicciones, y el tema va perdiendo fuerza como esos temporales que finalmente terminan con la salida del sol.

No recuerdo que alguien haya escrito "reconozco que estaba totalmente equivocado"; y no hay por qué hacerlo si el convencimiento sigue siendo el mismo. Lo importante es que, participantes o no de una cuestión apasionante, los lectores tengan elementos de juicio para sus propias conclusiones. En fin, Carta de lectores, imprescindible sección, es dinámica y como la propia vida, tiene sus vaivenes; sí... es como un río de montaña.

Edgardo Urraco