Viernes 09 de Agosto de 2013
El descubrimiento de los dos vietnamitas que se escondieron por 40 años en la selva para escapar de la guerra recuerda a los soldados japoneses que pasaron décadas sobreviviendo entre la maleza en algunas islas de Filipinas tras concluir la Segunda Guerra mundial.
Tal el caso del teniente Hiro Onoda, nacido el 19 de marzo de 1922, un ex oficial de inteligencia del Ejército Imperial Japonés quien aún vive y que luchó en la Segunda Guerra Mundial y no se rindió hasta 1974, después de haber pasado casi treinta años sobreviviendo en las Filipinas.
Onoda combatió con la modalidad de guerra de guerrillas primero a los estadounidenses y luego a pescadores y policías filipinos en la isla de Lubang, hasta que el 20 de febrero de 1974, fue hallado por un estudiante japonés, quien logró que el superior del teniente de inteligencia, el mayor Taniguchi, devenido en librero luego de la guerra, se trasladara hasta Filipinas y le ordenara cesar las hostilidades. Onoda le entregó su uniforme y su espada, junto a su fusil tipo 99 Arisaka, todavía en condiciones de funcionamiento, 500 balas y granadas.
Onoda regresó a Japón, fue elegido concejal; luego se radicó en Brasil, para volver a su patria en 1980. Creó un campamento de educación para jóvenes. Regresó a la isla de Lubang en 1996 y donó 10.000 dólares para la escuela local.