Lunes 29 de Diciembre de 2014
Como la birome o el dulce de leche, los semáforos para ciegos integran también el listado de grandes inventos argentinos. Mario Dávila patentó en 1983 el aparato que tenía un funcionamiento sencillo: cuando el semáforo de vehículos está en verde, el semáforo peatonal emite una señal sonora entrecortada. Cuando se pone en rojo, el sonido es más fuerte y la señal es continua.
En 2004, los ingenieros Saúl Córdoba, Osvaldo Albanese y José Gamillo idearon un dispositivo parlante que se agrega a cualquier semáforo, llamado LEM.
Para usar ese sistema cada ciego debe contar con un control remoto que pulsa cuando quiere cruzar en las esquinas.
De inmediato, una potente voz le informa que puede cruzar o no, cuánto tiempo tiene para hacerlo o si el semáforo no funciona y, en ese caso, indica que pida ayuda.
Los semáforos que se instalarán en Rosario comparten algo de ambas tecnologías.
Cada aparato cuenta con una botonera que puede ser accionada por las personas disminuidas visuales cuando quieran cruzar la calle.
Entonces, una señal sonora les indica si el semáforo habilita o no el paso.