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Cómo funciona la asistencia emocional en los días del espanto después del desastre

Cómo serán esas heridas, qué profundidad tendrán esas marcas que dejó el espanto dependerá de innumerables factores personales, del entorno y sociales.

Domingo 18 de Agosto de 2013

Las secuelas de una tragedia pueden durar años o para siempre. Cómo serán esas heridas, qué profundidad tendrán esas marcas que dejó el espanto dependerá de innumerables factores personales, del entorno y sociales. Pero hay algo fundamental en una catástrofe, que es tan imborrable como valioso en el proceso del duelo: el modo en el que las personas afectadas fueron asistidas y acompañadas en el caos, y durante las horas, días y semanas posteriores.

   En los alrededores del edificio de Salta 2141, a los pocos minutos de la explosión, hubo mucha gente que contuvo, que abrazó, que ayudó con voluntad y apego sin tener conocimientos puntuales, y también estuvieron quienes llegaron al lugar a cumplir con su tarea profesional, como es el caso de los integrantes de los equipos de salud mental de la municipalidad de Rosario y la provincia de Santa Fe. ¿Cómo enfrentaron el dolor humano? ¿De qué manera intervinieron para aliviar el impacto inconmensurable en esas personas ante la pérdida, la incertidumbre y la espera? ¿Qué harán de ahora en más para guiarlos?

   La Capital habló con Débora Danelli, directora de Salud Mental de la Secretaría de Salud municipal, quien tuvo y tiene bajo su órbita a los equipos de asistencia psicológica que trabajaron en el lugar de la catástrofe. Son los psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, enfermeros, terapeutas de diversas disciplinas que escucharon y acompañaron a los damnificados en la carpa que se instaló en Jujuy y Oroño, en el centro de operaciones montado en las instalaciones de La Gallega, en la oficina de información del Cemar y en el Instituto Médico Legal donde les tocó recibir a las personas que debían hacerle frente al peor momento de sus vidas.

   —¿Cuáles fueron sus primeras intervenciones?

   — Fuimos llegando a Salta y Oroño a medida que nos íbamos enterando de lo que había sucedido. Allí todo era confusión, pero ya estaba la orden de evacuar la zona. En ese momento fue nuestra primera intervención porque, por ejemplo, había mujeres mayores que no querían irse por nada de sus casas. El objetivo era organizar la información y aliviar el primer impacto subjetivo que todo esto provoca. Desde ya trabajamos en simultáneo con todas las otras áreas de asistencia. Cuando se superó el riesgo de otras explosiones secundarias en el lugar pudimos armar un dispositivo de crisis en el Cemar, que comenzó a concentrar todos los datos que necesitábamos y que a su vez necesitaban los familiares y allegados. A su vez, otro grupo siguió en el lugar de la tragedia. Estuve ahí en esa instancia.

   —¿Qué recuerda de ese momento? ¿Cómo trabajaron?

   — Fue una situación de enorme impacto para todos. Cuando los bomberos y rescatistas ingresaron al edificio se montó un operativo que se denomina “triage” (un método de la medicina de emergencias y desastres en el que se selecciona y clasifica a los heridos basándose en las prioridades de atención, por el que se disponen ambulancias y camillas marcadas con diferentes colores para distinguir los más y menos graves). Todos estábamos esperando para dar respuestas. Fue un momento terrible porque el único que salió con vida fue Franco (un vecino del séptimo piso). Entonces hubo un silencio estremecedor. Nos miramos, y empezamos a entender cabalmente la magnitud de esta tragedia, supimos que estaba pasando otra cosa.

   —¿Qué pasó después?

   — Era fundamental el ordenamiento, porque había gente que deambulaba por los hospitales, por la zona, que buscaban con desesperación a sus seres queridos. Y es lo lógico. Pero teníamos que ofrecer vías de información y contención y es lo que se hizo en los distintos espacios. En el Cemar se concentró lo referido a las personas que no estaban ni entre los que habían podido salir, ni en el listado de fallecidos, ni entre los heridos. Había que plantearles a las familias que buscaran fotos bien reconocibles de esa persona ausente, tomar teléfonos para estar en contacto, contenerlos para que pudieran soportar la espera y la incertidumbre. Como equipo de salud estuvimos cerca, ofreciendo lo que necesitaran sin invadir, sin hacer nada que cada familia no quisiera.

   —También se dispuso asistencia psíquica en el Instituto Médico Legal ...

   — Sí. Cuando un grupo familiar debía ir a ese lugar para reconocer a una víctima fatal iba acompañado de alguien del equipo de salud mental, y además había profesionales esperando en el instituto. Casi todos los familiares o allegados aceptaron esa compañía. Siempre estuvimos al lado, ayudando a poner palabras o simplemente dando apoyo desde el silencio, porque el enfrentamiento con la muerte de un ser amado es un momento de intimidad, y esa privacidad debe ser respetada. Pero si era necesario estábamos para abrazar. Hubo quien no pudo mantenerse en pie, y ahí, sólo se podía abrazar.

   —Sabemos que después de esa etapa tan dura ahora sigue el proceso de seguimiento ... ¿cómo lo estructuraron?

   — Los familiares establecieron algún vínculo particular con alguno de los profesionales de salud mental que estuvo muy presente en esos primeros días. Siempre priorizamos que la comunicación, ya sea para informar algo o para acompañar desde lo emocional, fuera con esa persona. En las jornadas sucesivas se continuó y en muchos casos persiste esa ayuda; ya se están haciendo derivaciones a otros profesionales externos y hay vecinos y familiares de víctimas que ya retomaron sus terapias si las tenían y otros que las iniciaron por fuera, pero en todos los casos el seguimiento se sostiene de diversas maneras. Ahora estamos desarrollando la posibilidad de encuentros grupales, de reuniones en lugares cercanos a la zona, porque si bien en lo singular todos somos distintos esta fue una tragedia colectiva y es imprescindible darle espacio a eso.

   —El dolor y la angustia no serán fáciles de superar ¿pero cree que hay posibilidades de encontrar respuestas o cierta enseñanza de algo como lo que vivió Rosario?

   —Sí, parece difícil ahora, pero creo que es posible encontrar un aprendizaje además de las consecuencias y los costos. De abrir una conciencia social distinta que considere mucho más el cuidado propio y del otro. Y algo fundamental: que haya Justicia será importantísimo para el proceso del duelo porque la bronca no permite avanzar. En este caso no se trató de una desgracia natural, está en el orden de las cosas que se pudieron evitar y eso le agrega un peso tremendo.

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