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Cómo es Turín, la ciudad que se hermanó con Rosario en planificación y gestión

El tráfico de autos particulares en el centro de la ciudad está muy restringido, en los sitios donde se puede ingresar el estacionamiento es caro, similar a Rosario (2 euros la hora)

Domingo 24 de Noviembre de 2013

El tráfico de autos particulares en el centro de la ciudad está muy restringido, en los sitios donde se puede ingresar el estacionamiento es caro, similar a Rosario (2 euros la hora). Las multas por violar las disposiciones sobre el parking trepan a los 100 euros, hay 175 kilómetros de ciclovías y es precisamente la bicicleta el medio de transporte que más adeptos está sumando. Se estima que por día se realizan unos 10 mil viajes en estos rodados. Hay colectivos eléctricos, tranvías y cerca de un centenar de líneas. Así es Turín, la ciudad italiana con la que el viernes pasado se hermanó a Rosario y se transforma en una especie de objeto de deseo de la intendenta Mónica Fein.

Hace frío e inéditamente para la época empieza a nevar en la ciudad de un millón de habitantes. Fein mira una y otra vez el paso de un elegante tranvía por el caso histórico de Turín, golpea las manos y lanza. “Ven, eso es lo que algún día tenemos que lograr”.

La experiencia de Turín es interesante. De la realidad del 93, cuando la desocupación era altísima, a la actual hubo cambios fabulosos. La base se sustentó en el diseño de un Plan Estratégico que introdujo modificaciones radicales. “A fines de los 90 la ciudad estaba partida literalmente en dos por las vías del ferrocarril, y a un lado de esas vías se habían asentado empresas que con la crisis estaban prácticamente paralizadas”, grafica Chiara Lucchini, arquitecta del Urban Center Torino, el organismo desde donde se tejen estrategias de políticas de movilidad y urbanas.

Un acuerdo público-privado permitió avanzar en la reconversión de toda esa zona. Las vías se hicieron subterráneas, las empresas se radicaron en otro sector de la ciudad o se aggiornaron a los cambios en los usos del suelo, que pregonaron alturas máximas y determinadas características arquitectónicas. Así, ese lugar deprimido desde lo urbano se transformó una elegante avenida sobre cuyos márgenes se asientan las viviendas más selectas de la ciudad.

De estacionamiento a plaza. En el área central, en tanto, las grandes playas de estacionamiento se transformaron en elegantes plazas por donde hoy pasean miles de turistas. Los autos ahora estacionan en parkings subterráneos. “La meta era conseguir más metros cuadrados por habitante y restringir el uso del auto. Y como ven, lo hemos logrado”, dice Valentino Castellani, ex sindaco (intendente) de la ciudad. En la actualidad 2,5 kilómetros cuadrados del área central tienen importantes restricciones al ingreso de vehículos particulares. Claro que para que los turinenses dejaran de ingresar en auto al centro fue vital desarrollar un sistema de transporte público eficiente.

Hoy, por Turín circulan 13 líneas de tranvías, 83 de colectivos (gran parte de ellos eléctricos, para reducir la contaminación ambiental), hay 116 estaciones donde se pueden retirar bicicletas públicas utilizando la misma tarjeta de transporte y se construyeron 175 kilómetros de bicisendas.

Viajar en colectivo cuesta 1,50 euro, el pasaje dura 120 minutos y se puede usar para hacer conexiones entre líneas y además se puede comprar una tarjeta para tener 13 viajes. Esa misma tarjeta también puede utilizarse para retirar algunas de las cientos de bicicletas públicas en las estaciones de bike-sharing.

Los turinenses exhiben una estadística que los enorgullece. Con el transporte eficiente, las restricciones al tránsito particular y el aumento del uso de la bicicleta, lograron que el flujo de autos particulares descendiera un 10 por ciento en los últimos cuatro años. Así, el hermanamiento invita a soñar. Rosario busca alternativas para terminar con su tránsito caótico. Turín lo logró.

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