Como el último orejón del tarro
Es la primera vez que escribo a un medio de comunicación masivo. Antes nunca había sentido la necesidad de hacer tan públicos mis sentimientos cuando me pasaba algo desagradable...

Miércoles 25 de Febrero de 2015

Es la primera vez que escribo a un medio de comunicación masivo. Antes nunca había sentido la necesidad de hacer tan públicos mis sentimientos cuando me pasaba algo desagradable; me bastaba con hacer "catarsis" con familiares y amigos. Anoche, sábado, las 23.30, volvía con parte de mi familia (marido y un hijo) del Maratón Nocturno, feliz de haber compartido un evento multitudinario, saludable, social y deportivo, cuando en la puerta de mi casa (Ovidio Lagos casi San Luis) nos abordaron dos "muchachos" que venían en moto, por la vereda, en contramano... los detalles no los voy a describir, sólo voy a decir que estamos los tres vivos, que mi marido tiene la marca del arma en la región tóracico-abdominal izquierda (últimas costillas por fuera, corazón en la profundidad) y que no nos robaron nada material, pero sí nos robaron el derecho a caminar por la vereda de mi casa, a salir a disfrutar de un momento en familia, y sobre la tranquilidad de vivir situaciones cotidianas, porque el precio puede ser la vida. No voy a pensar en lo que hubiera podido pasar. Voy a pensar en lo que no debe seguir pasando. Esto no es una sensación, esto es una realidad. Yo cumplo con todas mis obligaciones y en la "repartija" de derechos me siento el último orejón del tarro. Una más, y no los jodo más: el sábado pasado (14/02) en la cola de la Revisión Técnica Vehicular, el "señor" que estaba delante mío a bordo de una camioneta Nissan XTerra roja, dominio FQN 729 decidió dar marcha atrás sin mirar sus espejitos y por supuesto me chocó, aunque mis bocinazos trataron de advertirle mi presencia. El se retiró como si no hubiera pasado nada, lo alcancé, me ninguneó, se bajó a regañadientes de su camioneta y rápidamente determinó que no me había hecho nada y sin darme sus datos ni pedir disculpas se retiró velozmente. El que manejaba el vehículo era un "señor" de unos 50 años, alto, delgado, rubio y con ojos celestes muy claros. Vestía una bombacha gaucha onda country chic... Yo tengo los datos del titular del automotor y google me permitió saber que es un empresario de la zona sur. En sólo una semana me sentí como el jamón del sandwich y el último orejón del tarro. ¿Cómo se hace para ser visible y que el que viene en moto no me pise, y el que vienen en una 4 x 4 no me mate?

María Alejandra Llanos / DNI 16.537.438