Jueves 26 de Julio de 2012
El jueves 19 de julio hubo una variedad de tortura sin picana: paro sorpresivo del transporte de larga distancia. Bajo el democrático justificativo de "legítimo derecho de los trabajadores al reclamo", deja varados a miles de pasajeros en completo estado de estupor e impotencia. En esa multitud se encontraba Celina junto a su hija Marisol, con un frustrado viaje a Buenos Aires, programado y financiado por un efector de Salud Pública para tratar una enfermedad oncológica. Facundo y su esposa, escuchan a través de un medio radial el angustiado relato de estas víctimas de la anarquía social. Sin reclamar alabanzas, sin censurar ni condenar, sin preguntas restauran la armonía, reparten lo que tienen pagando un remís para que madre e hija, imposibilitadas económicamente, puedan llegar a su destino. Mientras la impunidad y la hipocresía camina libremente entre nosotros y, resentidos discursos desde el sistema alimentan la violencia de los argentinos, aparecen estos anónimos cireneos del camino, todos los días y en todo lugar de mi bendita Patria. Cargan la cruz del hombre sobrante, desocupado y famélico, extraviado en el gran tumulto. Sólo piensan en cómo redimir tanto grito de agonía. Descienden para ayudar, en las sombras, sin contaminarse. Son faros que miran inmutables las tormentas. Con sentido práctico y su voluntad a cuestas se enfrentan a la arrogancia, ineptitud y vulgar instinto de los mediocres que, justificando todo, maltratan a una sociedad harta de ellos que, por ahora, no devuelve los golpes.
Roberto Luis Taltavull,
rltinmortal@yahoo.com.ar