Martes 09 de Junio de 2009
Coincido con Hernández Larguía en que en el moderno circo romano la contienda con los toros es sanguinaria, como a mi entender es el boxeo. Pero, no olvidemos mencionar otras modernas contiendas, donde el público observa impávido una desgarradora verbosidad: desacreditar a los contrincantes políticos. Felipe IV de Francia, el Hermoso, ante las deudas que su país había adquirido y su deseo de un Estado fuerte, con el rey concentrando todo el poder (que, entre otros obstáculos, debía superar el poder de la Iglesia y las diversas órdenes religiosas como los templarios), convenció (intimidó) al Papa Clemente V, fuertemente ligado a Francia, de que iniciase un proceso contra los templarios acusándolos de sacrilegio a la cruz, herejía, sodomía y adoración a ídolos paganos. El Papa Clemente V no creyó en las acusaciones de herejía y por ello permitió a los templarios ajusticiados "recibir los sacramentos", a pesar de lo cual fueron ajusticiados en la forma en que la jurisdicción canónica establecía para los herejes relapsos (aquellos que después de confesar, se echan atrás en sus confesiones). El proceso y martirio de templarios fue un "sacrificio" para evitar un cisma en la Iglesia católica. Las acusaciones fueron falsas y las confesiones conseguidas bajo torturas. Quizás sea exagerado este "ejemplo", pero el símil me permite imaginar en el circo argentino al pueblo bajar el pulgar a quienes no proponen proyectos y se dedican a desacreditar a sus oponentes. "Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería", dijo Otto von Bismarck.
Silvia Buonamico, silviabuonamico@yahoo.com.ar