Cine / Crítica de "El poder del perro": Un western psicológico y claustrofóbico
Calificación: Muy buena. Intérpretes: Benedict Cumberbatch, Jesse Plemons, Kirsten Dunst, Kodi Smit-McPhee, Thomasin McKenzie y Frances Conroy. Director: Jane Campion. Emisión: Netflix.

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Después de 12 años, Jane Campion vuelve a estar detrás de cámaras en el cine para dirigir “El poder del perro”. La directora de “El piano”, “Retrato de una dama” y “En carne viva” siempre mostró un dominio preciso de la sinuosidad del deseo, y esta vez le sumó la ambigüedad sexual.

Así lo hizo en la adaptación de la novela de Thomas Savage que da título al filme, ambientada en Montana en 1925, en un contexto eminentemente masculino. Los protagonistas son Phil (Benedict Cumberbatch, “Doctor Strange”) y George (Jesse Plemons, “Fargo”), dos ricos hermanos ganaderos al frente de una enorme estancia. Phil y George no podían ser más distintos: el primero es brillante y arrogante y el segundo tímido y amable. La tensa y desigual relación entra en crisis cuando George decide casarse con Rose (Kirsten Dunst, “Melancolía”). Por alguna razón Phil comienza una inexplicable guerra contra Rose y su hijo Peter (Kodi Smit-McPhee, “X-Men: Fénix Oscura”), un chico con comportamientos afeminados que es motivo de burlas en el rudo ambiente rural de principios de siglo pasado.

El poder del perro | Tráiler oficial | Netflix

Inevitablemente el contexto y la fotografía recuerdan a “Secreto en la montaña”. Fue justamente Annie Proulx, autora del relato breve en el que se basa la famosa película de Ang Lee, quien rescató el trasfondo de la novela de Thomas Savage. En el caso de Proulx, la historia transcurría a mediados del siglo XX; en el de Savage, a principios de ese mismo siglo, aunque la publicó en 1967, y todo podría transcurrir hoy en determinados entornos.

No obstante, ese conflicto es una de las múltiples capas que forman “El poder del perro”. El western podría resumirse en la máxima del hombre enfrentado a su destino. Y Phil es un hombre solitario y cruel cuyo destino es el silencio. Pero la riqueza del personaje, un brillante exalumno de Yale que elige la dura vida del campo, se despliega como un juego de cajas chinas que el espectador debe abrir e interpretar a medida que avanza el relato, en medio de los silencios del personaje. La riqueza de la película también radica en los sutiles giros de una trama que fusiona el drama y el policial y en la destreza de Campion para que esos giros pasen casi inadvertidos. También en la fotografía y la puesta de cámaras que contrastan la inmensidad del territorio con la insignificancia de los dramas humanos cuando son puestos en perspectiva.