Lunes 07 de Septiembre de 2009
En el mismo fallo condenatorio, el juez Daniel Acosta enumeró una serie de dudas que la
investigación no logró despejar. Apuntó que no se profundizaron los estudios sobre una mancha de
sangre que quedó en el pavimento y que se menciona en la primera inspección policial y en el
croquis. “Su propia existencia arroja dudas sobre el evento. A saber: ¿correspondía a la
víctima, al autor del disparo o a otra persona?”, planteó.
También señaló que un testigo dijo haber visto a Verónica en la calle al
desatarse la balacera, lo que “arroja más dudas que certezas”. Otros interrogantes que
rodearon al caso siguen abiertos:
u No se aclaró qué hacían los policías en ese lugar. Los vecinos dicen
que la combi iba de sur a norte. Los policías aseguran que avanzaban de norte a sur, pese a que esa
dirección los conducía en sentido contrario a sus puestos de trabajo.
u A escasas horas del crimen, cuando quedó secuestrada frente a la
comisaría 21ª, un periodista de La Capital advirtió que la camioneta no tenía impactos de bala,
sino sólo desintegrada la ventanilla del acompañante y con vidrios esparcidos en el pavimento. La
edición del diario del mismo día consignaba: “a simple vista no había impactos de perdigones
en la puerta ni en el interior de la cabina”. Pero al ser remitida a pericia la camioneta
presentaba cinco impactos. Al menos uno no pudo ser efectuado con sus ocupantes en el interior
porque uno de ellos hubiera resultado lesionado.
Tres años después, del crimen sólo quedan versiones. En la formalidad
del expediente se impuso una, aunque en ella muchas piezas del rompecabezas no encajen.