Lunes 23 de Julio de 2012
El jueves 19 de julio se cumplieron cinco años sin la presencia física de Roberto Fontanarrosa. Muchas cosas se dicen y se dijeron sobre su prolifera y extensa obra, de sus escritos y de los momentos desopilantes entre Inodoro y Boogie que él los plasmara como nadie. Pero en esta nota me quiero referir al hombre de cuya generosidad tengo pruebas fehacientes. En un momento la institución a la que pertenecí durante años necesitaba que sus tarjetas de Navidad se pudieran colocar en el mercado para su venta y queríamos que fuera obra de un conocido artista de la ciudad de Rosario, y pensé quién mejor que Fontanarrosa. Al llamarle y exponerle mi necesidad, con total simpleza me contesta "sí, cómo no", y me citó en el bar que había en su momento en Córdoba y Corrientes (cuyo nombre era el de un conocido alfajor). Soy muy puntual pero al llegar cual fue mi sorpresa, él me esperaba. Café de por medio hablamos de nuestros afectos (el era conocido de mi esposo pues coincidieron en Provincial cuando ambos jugaban fútbol, no juntos, pues, mi marido era mayor que él). Mi sorpresa no acaba aquí, me dice: "Tengo lo que me pediste, no quiero hacerte perder el tiempo", y me entrega el dibujo. Como es lógico pregunto: ¿cuánto es su costo? Me contesta simplemente: "Quedate tranquila, ya me gané lo que te regalo con mi trabajo. Eso sí, que el original sea para tu esposo". ¡Cómo no voy a recordar y a homenajear a alguien tan generoso, humilde, con la humildad de los grandes! A todos los adjetivos de buen escritor hay que agregarle el de gran señor. Digo, como dije en aquella oportunidad, mil gracias, tené en cuenta Negro que para Dios nada se pierde y estoy segura que El en su momento sí se lo tuvo en cuenta.
María Estrella