Lunes 07 de Junio de 2010
No, querido maestro Hernández Larguía, lo que aconteció en los festejos del Bicentenario lejos estuvo de ser una ciencia ficción a la criolla, una ilusión óptica, un espejismo, como expresa en su carta del pasado miércoles. No, querido maestro, durante ese largo e histórico fin de semana masas andantes provenientes de todas partes cubrieron la 9 de Julio para emocionarse con un espectáculo inigualable. Millones de corazones latieron con gran ritmo al compás de la música de León Gieco y Fito Páez. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires se transformó momentáneamente en una gigantesca casona dispuesta a albergar a una marea de espíritus inquietos, esperanzados, alegres. Esa crispación, querido maestro, enarbolada como un canto de guerra por el monopolio mediático estalló en mil pedazos. Una vez más, el pueblo demostró que nadie es capaz de manejarlo, de manipularlo, cuando se convence de la justicia y dignidad de una causa. Los festejos del Bicentenario demostraron, querido maestro, la falacia del discurso hegemónico que embruteció a los argentinos desde la pantalla del televisor y las páginas principales de los diarios de mayor tirada. No, querido maestro, no se trató de una ciencia ficción a la criolla. Se trató de la decisión de millones de personas pensantes y autónomas de apoyar la decisión del gobierno de Cristina (cada día más hermosa y exuberante) de recrear nuestra historia, de ensalzar nuestros héroes, nuestras gestas patrióticas, nuestra sangre derramada. No, querido maestro, no se trató de una ciencia ficción a la criolla. Se trató de un punto de inflexión. Porque, qué duda cabe, querido maestro, que nada será igual en la Argentina a partir del 25 de mayo de 2010.
Hernán Andrés Kruse, hkruse@fibertel.com.ar