Cien kilómetros desesperado
Miguel S., esposo de Betina M., fue el otro protagonista involuntario de la historia. "Cuando llegué a mi casa, me extrañó que ella no estuviese. Les pregunté a los chicos, pero no sabían dónde estaba. Comencé a llamarla al celular, pero no me contestaba. Cuando ya había pasado una hora, recibí un llamado en mi celular. Me dijeron que la tenían secuestrada y me pidieron plata. Junté el dinero que pude —unos 20 mil pesos— más alhajas y relojes. Salí con el auto y me hicieron ir por la ruta 9 para el lado de Córdoba. Recorrí unos cien kilómetros. Me iban diciendo que la plata la dejara en un lugar y en otro hasta que llegué a Armstrong. Dejé la plata y a las doce y media de la noche me hicieron volver a Funes. Me dijeron que a mi mujer la habían dejado allí y cuando llegué me enteré de que a ella le había pasado lo mismo".
Lunes 26 de Agosto de 2013
Miguel S., esposo de Betina M., fue el otro protagonista involuntario de la historia. "Cuando llegué a mi casa, me extrañó que ella no estuviese. Les pregunté a los chicos, pero no sabían dónde estaba. Comencé a llamarla al celular, pero no me contestaba. Cuando ya había pasado una hora, recibí un llamado en mi celular. Me dijeron que la tenían secuestrada y me pidieron plata. Junté el dinero que pude —unos 20 mil pesos— más alhajas y relojes. Salí con el auto y me hicieron ir por la ruta 9 para el lado de Córdoba. Recorrí unos cien kilómetros. Me iban diciendo que la plata la dejara en un lugar y en otro hasta que llegué a Armstrong. Dejé la plata y a las doce y media de la noche me hicieron volver a Funes. Me dijeron que a mi mujer la habían dejado allí y cuando llegué me enteré de que a ella le había pasado lo mismo".