Miércoles 20 de Enero de 2010
El domingo que pasó, a las 9,30, hablé por radio con uno de los principales analistas políticos de Chile, Pato Navia, quien me anticipó el resultado de los comicios presidenciales: 52-48 a favor de Sebastián Piñera. Y agregó a su pronóstico: a) en Chile habrá un cambio de conducción pero continuidad en las políticas de Estado, especialmente en lo económico; b) la Concertación perdió no por lo que hizo, sino porque no entendió a tiempo el reclamo de renovación de cuadros dirigentes y la falta de una mejor inclusión de una ascendente y creciente clase media. Amén de ello la jornada electoral fue impecable. La noticia de los resultados fue oficialmente dada de manera pronta y prolija. Sin ocultamientos ni amañamientos a pesar de lo reñido del escrutinio. Inmediato y sincero reconocimiento de la derrota por parte de Frei. El llamado y posterior visita de Bachelet a Piñera. El abrazo entre los adversarios. Los festejos con alegría pero sin desbordes y absoluta respetuosidad. En el país trasandino acaba de darse un ejemplo. Afirmándose que la alternancia en el poder no es catástrofe para nadie sino esencia de la democracia. Y hasta un reclamo subliminal de carácter semántico: en el mundo político de hoy los sistemas con éxito no miran recurrentemente al pasado con "memorias tuertas" ni tampoco se dividen en izquierda o derecha. Chile es una democracia en serio. Un país donde el liberalismo económico sensato y progresista hace tiempo que funciona cualquiera sea el signo de quien conduce. Un espejo, para mirarse y envidiar sanamente.
Elbio Martínez elbiorosario@gmail.com