Jueves 14 de Octubre de 2010
El show prevalece. No importa la magnitud del sufrimiento, lo que interesa es la posibilidad de poner en escena los hechos de forma tal que puedan captar televidentes. El criterio tomado para poner en el aire un acontecimiento es su posibilidad (capacidad o potencia) de escenificación, no su gravedad. Por estos días el mundo mediático en su totalidad, y por lo tanto el mundo en general, habla de la salida de los 33 mineros atrapados en Chile. Aquí nadie desconoce el sufrimiento de estas personas; nadie niega el dolor de sus familiares ni la importancia de lo acontecido; pero tampoco nadie puede negar que una noticia que circula en paralelo en pequeños e intrascendentes rincones de los medios es de una dimensión (en cuanto a sufrimiento humano) muchísimo más importante: un informe del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias avisa que mil millones de personas en el mundo padecen hambre, en su mayoría chicos. Sí, mil millones. Y de los 122 países que se tomaron para el estudio 25 cuentan con niveles alarmantes y cuatro (de Africa subsahariana) extremadamente alarmantes. Pero los gobiernos (en este caso el de Chile) armaron su agenda corriendo detrás del espectáculo. Lo que no sale por televisión no existe, no tiene repercusión ni visibilidad y por lo tanto no tiene sentido su atención. ¿Para qué perder energías presidenciales en problemas que no tienen difusión mediática? La actividad del presidente debe estar presente en las retinas de los televidentes. La imagen se construye desde allí gracias a la transmisión repetida hasta el hartazgo del tema del momento. El presidente chileno, Sebastián Piñera, dijo: "Yo voy a estar al pie del cañón". Es decir, estar en el punto de donde van a salir todos los mineros. Ese es el punto, ese es el lugar donde debe estar, lo que el rating y el votante demanda.
Andrés Fluxa,
andresfluxa@hotmail.com