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Chicos y maestros volvieron a clases para ponerle palabras a la catástrofe

La última vez que habían estado allí, el cimbronazo de la explosión del edificio de Salta 2141 había movido pisos y techos, abierto ventanas e impregnado el ambiente de un humo y un olor...

Viernes 09 de Agosto de 2013

La última vez que habían estado allí, el cimbronazo de la explosión del edificio de Salta 2141 había movido pisos y techos, abierto ventanas e impregnado el ambiente de un humo y un olor espeso. Ayer, los alumnos de diez de las once escuelas afectadas por la onda expansiva de la catástrofe volvieron a clases. Y a cantar, contar y sobre todo pensar en lo que había pasado.

No fue nada fácil. En algunos cursos había chicos ausentes porque habían perdido sus casas o tenían familiares internados, situaciones de las cuales docentes, directivos y padres tomaron nota y hasta empezaron a organizar cadenas de ayuda. De todas formas, según destacaron en varios colegios, "lo más extraño fue encontrarnos con el silencio que reina en el barrio. Como si, de un momento a otro, todos hubieran empezado a hablar en voz baja".

El martes pasado, tras la explosión, se evacuaron once establecimientos ubicados en el área comprometida por el siniestro. Los edificios de las primarias Nº 54 Belgrano y Nº 56 Almafuerte, el Normal 2, las escuelas de educación especial Nº 2013 Nº 2014, Nº 2058, Nº 20109, el Taller Nº 33 y los colegios Nº 1321, Virgen del Rosario y Federico Leloir permanecieron cerrados el miércoles y, a excepción del último, volvieron a abrirse ayer.

Previamente, inspectores del Ministerio de Educación provincial revisaron el estado de las construcciones y profesionales del equipo socioeducativo se reunieron con directores y docentes para acordar cómo retomar la tarea. Amsafé también prestó ayuda.

"La recomendación fue hablar del tema. Pero a los chicos no les tuvimos que contar nada, ellos sabían todo y manifestaban su deseo de contarlo", señaló Susana Ameglio, vicedirectora del jardín Cuna de la Bandera que funciona en los edificios de las escuelas Belgrano y Almafuerte, situadas a tres y cuatro cuadras respectivamente del lugar donde se produjo la explosión.

Cuatro niños del jardín perdieron sus viviendas en la tragedia. Dos fueron ayer a la escuela. "El reencuentro primero fue con los papás. Hablamos con ellos cuando trajeron a sus chicos, fue emocionante, rápidamente se organizaron para armar un listado de las necesidades de esas familias, para poder aportar ayuda correctamente, o abrir una cuenta bancaria donde hacer donaciones", contó la docente.

Después, los chicos se sumaron a cantar el saludo del buen día y, como habitualmente, se sentaron en ronda a charlar. "Enseguida hablaron de lo que había sucedido en el barrio, era inevitable siempre trabajamos con la comunidad y esta tragedia es lo que pasa en nuestra comunidad", apuntó y comentó que incluso una de las nenas damnificadas, que con sus familiares había comentado poco y nada el tema, relató que cuando el edificio de frente a su casa explotó por una pérdida de gas el balcón de su departamento se metió dentro del comedor y que con su mamá salieron a la calle.

Presente. Sobre la puerta de la escuela Almafuerte está pegada una de las fotocopias con la foto de Santiago Laguía, el joven de 25 que permanece desaparecido tras la catástrofe, que sus familiares distribuyeron por todo el barrio. En la instantánea el muchacho sonríe, tanto como los retratos pintados por los alumnos de la escuela que se exhiben en el hall de entrada.

No es la única señal presente en el colegio. Hay un aula clausurada porque la explosión le arrebató las ventanas, los chicos ya no pueden ir y venir solos de la escuela por los cambios en los recorridos de los colectivos y también momentáneamente las clases de taller se dictarán en el establecimiento, para evitar los traslados.

Es que el siniestro encontró a los alumnos de 4º y 5º grado y a sus maestras en la calle, volviendo de la Escuela Taller Nº 33, de pasaje Lugand 2070 (Balcarce, entre Catamarca y Tucumán). De esos cursos ayer asistieron muy pocos chicos.

Con su maestra Gabriela ellos empezaron a armar afiches con frases que retratan lo que había pasado. Los de 6º y 7º, con la seño Viviana, reflexionaron sobre la cadena de responsabilidades por el incidente. Y hay también ideas de hacer un trabajo con las tapas de los diarios que reflejaron la catástrofe.

De todas formas, resaltó la directora del establecimiento Analía Torres, eso es apenas una parte de la tarea. "También los docentes tenemos que sentarnos a reflexionar sobre lo que hacemos cotidianamente, porque dimos muestra de que pudimos contener, guardar la calma, dar seguridad. Pero después de esto debemos pensar cómo hacemos más seguras nuestras prácticas, porque es cierto que no se desmorona un edificio todos los días, pero también lo es que las escuelas no están preparadas para estas situaciones. No tienen salidas de emergencia, ni puertas que abran hacia afuera, ni planes de evacuación. Después de hechos como este, hay que empezar a pensar en todo esto".

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