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"Chau papá": Una familia muy normal de los 70

Roberto Carnaghi protagoniza la obra que se presenta desde hoy y hasta el domingo en La Comedia, con producción del Cervantes.

Viernes 27 de Junio de 2014

"Es la representación de varias generaciones de nuestro país", explicó Roberto Carnaghi sobre "Chau papá", la obra de Alberto Adellach que se presenta hoy, mañana y pasado mañana, a las 21, en el teatro La Comedia. El actor, que actualmente participa en "Esa mujer" por la Tevé Pública y que tuvo destacadas actuaciones en "Montecristo" y "Graduados", entre otras tiras, contó cómo es ese texto escrito en los 70 y cómo podría reflejar la actualidad. Con el respaldo de su larga experiencia en televisión, Carnaghi se refirió a las diferencias entre los canales privados y la televisión pública, así como a las polarizaciones: "Lo importante es concentrarse en el trabajo", afirmó el actor que el año pasado ganó un Martín Fierro por su labor en "En terapia". "Chau papá" forma parte del ciclo El Cervantes en La Comedia, que también incluyó "El gran deschave".

—¿Qué le interesó del texto y como lo interpreta cuarenta años después del estreno?

—Lo que me interesó fundamentalmente del texto era la posibilidad de hacer una adaptación. Esta es una obra estrenada en los 70 en un momento muy especial del país, el cual, hoy, de alguna manera, ha cambiado. No es que tenga nada que ver, pero algunos contactos están. No con lo que pasaba en el año 70, ese auge nuevo de la política, ese mundo de tratar de cambiar. Lo que hace Adellach es una especie de crítica sobre ese momento, ya sea para un lado o para el otro, pero fundamentalmente sobre la clase conservadora, que a partir de Uriburu y antes también, manejó el país. Lo que me interesó más que nada fue poder trabajar ese material.

—¿Cómo fue la adaptación?

—La propuesta de Manuel Vicente, el director, fue que no podemos hacer la obra como se hizo en ese momento. La obra fue creada por los actores y el autor en su momento, como un trabajo colectivo. En ese caso se dio también un poco lo mismo. Frente al material modificamos algunas cosas de Adellach, como la propuesta escenográfica y dónde podían estar los personajes. Lo creamos en base a improvisaciones y es una propuesta muy loca, pero lo que propone el autor también es muy loco, muy zarpado, hace cosas increíbles. Es un grotesco, es absurdo. Se entiende la ilación, pero pega saltos que uno dice qué pasa. Y fue creciendo y cambiando desde el año pasado. El autor propone la historia de un padre que está a punto de morirse y de qué manera el médico recomienda qué tratamiento hay que seguir para salvarlo. Que los hijos después exageren con ese tratamiento... (ríe). Pero bueno, la idea es que no se lo puede salvar. Ese hombre se va... Es la representación de varias generaciones de nuestro país.

—¿Qué cambio introdujeron?

—No fue una reescritura, sino un re-juego, digamos. La obra duraba muchísimo, algo de dos horas y pico, y ahora es 1 hora 20. Había cosas muy reiterativas. Y pasaron más de 40 años, y mucha gente no tiene idea qué pasó en ese momento. Inclusive hay personajes que se nombran que hay quien puede no saber quiénes son.

—¿Cómo interviene el tema de la política?

—En ningún momento se toca el tema de la política. Por ejemplo, para aclarar algo que no todo el mundo capta. En el año 70 todo el mundo era peronista... (ríe). Hasta la gente de izquierda. La izquierda se vuelca, porque estaba en la calle, porque el peronismo era la vuelta de Perón, volver a la democracia, y no se cuánto más. Y fuera de un grupo, son todos peronistas. Perón también lo decía. Había un porcentaje de radicales, de conservadores, de socialistas, comunistas, pero decía que peronistas son todos. Después eso cambia, "se van, se van y nunca más volverán". Pero en el 76 estuvieron de nuevo. Cuando Adellach escribió la obra no había venido el otro golpe, sino que es anterior, en la época de Lanusse.

—¿Qué lectura hace hoy un espectador joven? ¿Puede encontrar anacronismos?

—Adellach le da a un lado y al otro de alguna manera. Adellach no era peronista. Pero de todas maneras en el escenario no se habla de eso. Es esta familia descompuesta, que tiene hasta cierta cosa perversa entre ellos, en la relación entre la hija y el padre. Pasa por ahí, por una sociedad descompuesta. Uno ve eso. Y creo que lo que la gente rescata de eso es el trabajo de los actores. No es una obra política, eso de hablamos de fulano, defendemos a mengano, sino que es una familia que se muestra con sus miserias, con sus fobias, sus mezquindades.

—¿Ve esa situación descompuesta en la actualidad?

—Nuestro país es blanco y negro, un Boca-River, unitarios y federales. Sigue siendo exactamente lo mismo. Todo lo que hace el otro está mal y todo lo que hago yo está bárbaro. De un lado y del otro. Y este es un momento donde, desde hace un par de años, claramente hay una división. Pero depende de lo que uno pretenda del país o de la sociedad. Veo eso. Es difícil escucharse. Es la historia de nuestro país de toda la vida. Desde que soy chico lo recuerdo como una cosa así. Ahora lo mismo. Yo he recibido comentarios que realmente me dan bronca. Estar en el supermercado y de pronto una mujer que me dice que me conoce por Tato y que me aprecia, y me dice "usted qué buen actor que es", y después me dice "ah, pero usted ahora está en el canal oficial". Le digo, señora yo trabajo en el canal oficial porque me llaman para trabajar. Usted tiene que ver lo que se hace. Pero ella: canal oficial, me bajó la cortina. Eso me parece de una estupidez tan grande... No hablo de los periodistas, hablo de la gente, porque es una pena. Lo que hay que ver es si el programa que se hace es bueno o malo. Me da mucha pena porque es una manera de no razonar, de no pensar, de saber que en definitiva lo idea es decir esto me gusta o no, estoy de acuerdo por esto o por aquello, o me gustaría que cambiara. Uno como individuo tiene que aprender a razonar. Y así vamos a crecer, de otra manera no crecemos.

—También trabajó en grandes éxitos que no fueron de la televisión pública...

—Yo gané el Martín Fierro por "En terapia". Es un canal oficial. Estoy haciendo "Esa mujer" que va al mediodía. Pero también estuve en "La niñera", "Montecristo", "Graduados". Además mis comienzos fueron en el Canal 7, en la calle Viamonte, donde dirigía Escudero, Bonet, Renán, era un canal oficial y estamos hablando de hace 40 años. Después vino la etapa de Alfonsín, donde el canal hacía programas con Alfredo Alcón, Bebán, Solá, Marrale, China Zorrilla, Luppi, Norma Aleandro, donde yo también trabajé, una cantidad de gente y nadie preguntaba nada.

—¿Qué diferencia encuentra entre trabajar para la televisión pública y un canal privado?

—El canal público tiene otros parámetros. En un momento estuvo muy bastardeado cuando lo agarró Sofovich, era una canal de juegos, no había programas, era la época menemista, no había programas de cultura. Pero hubo un momento en que el canal estatal tenía un rating increíble y hacía cosas de nivel. La diferencia la veo más que nada en lo técnico. El canal oficial no tiene el nivel técnico que tiene, en este caso, Suar, porque El Trece no hace nada, terceriza todo. Telefé tiene sus directores y su gente, pese a que tuvo programas de afuera, como "Graduados", que era de Ortega. Fuera de eso, no veo otra diferencia; veo una política de un canal que apuesta a "En terapia" y otros canales no; un canal con una intención de más nivel cultural. "En terapia" fue un programa que se le ofreció a otros canales, al 11 y a El Trece, a Telefé y lo rechazaron. Y va al canal oficial. Veo como que la apuesta de los otros canales está asociada con lo que se piensa del rating. En el canal oficial, ahora y siempre, el rating no es una cosa tan importante. Vale pena, pero no es central.

—¿Cómo ve a la distancia el trabajo con Tato Bores?

—Cuando empecé con Tato hacía diez años que venía bregando. Pero fundamentalmente en la segunda etapa de Tato, no la primera, mi personaje cobra importancia. Fue a partir del 88 cuando aparecen los hijos. Aparece El Corrupto que antes no estaba. Yo empecé a trabajar con él en el 79 pero en ese momento todavía estaban los militares. Mi personaje era importante, pero no como lo fue después a partir del 88 y hasta el 93 que fue el último año que hicimos. Me dio popularidad, Tato y los hijos de Tato. Porque quiero destacar a los autores, la gente que escribía, con Saborido, Paz, Quiroga, Mesa, que inventan este personaje que era de la realidad. Y me encanta que la gente se acuerde.

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