Domingo 22 de Septiembre de 2013
Caso A: soy estudiante de otra provincia o del exterior, consecuentemente mi familia no se encuentra acá y no me alcanza el dinero para mis gastos. Si trabajo los domingos tengo una entrada extra. Caso B: soy soltero y a punto de casarme, queremos una fiesta de bodas, viaje de luna de miel y juntar para el depósito de nuestro primer hogar. Mi jefe me ha ofrecido trabajar varios domingos y esto significaría un buen adicional a nuestro presupuesto. Caso C: soy viuda y sin hijos, mayor de cincuenta años, y como estoy muy sola y deprimida los domingos quisiera trabajar. Caso D: trabajo de lunes a viernes, el sábado llevo los chicos al club a hacer deportes y me ocupo del jardín y la casa. Los domingos hago las compras con mi marido de cosas que necesitamos para la casa y los niños. Si los negocios cierran ¿cuándo voy? Caso E: soy un turista, de aquellos que vienen a pasar el fin de semana a Rosario. Me estoy quedando en un hotel en el centro y me encanta caminar por la ciudad, hacer compras a cielo abierto mirando vidrieras, negocios y cafecitos. Si los negocios cierran, ¿para qué venir a Rosario? No creo que sea necesario seguir con ejemplos. ¿Qué pasa con aquellos que no tienen la opción de decir que no? Policías, médicos, empleados municipales, estatales, bomberos. ¿Vamos a cerrar los hospitales? ¿las salas de emergencias? Si quiero trabajar y me pagan lo que corresponde es porque tengo ganas y el derecho de hacerlo. Y si no tengo ganas, también tengo el derecho de decir no gracias, este domingo lo quiero pasar con mi familia, dormir, ir a pescar. La Constitución argentina me respalda en ambos casos y también la carta de Derechos Humanos de Naciones Unidas, la cual Argentina firmó. Hoy día se trabaja los domingos no solo en los países del Primer Mundo, también en los que están en vías de desarrollo. Y para todos aquellos que dicen a mí qué me importa, esto es Argentina, buenos señores, dejen de usar entonces esos inventos extranjeros como la electricidad, teléfono, auto, tv, rayos x, celular, computadora, cine, etc. Pensemos bien lo que queremos imponer.
Graciela Copello