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Cerca de 300 mil personas recorrieron el Vía Crucis del Padre Ignacio

En el Vía Crucis, el padre Ignacio evocó los 33 años que cumplió en Rosario. Agradeció el “aguante” de los fieles y realzó la presencia de la virgen.

Sábado 07 de Abril de 2012

El padre Ignacio Peries cumplió ayer otra jornada intensa que se coronó con el tradicional Vía Crucis del Viernes Santo. Terminó el rezo de la 14º y última estación (“Jesús es colocado en el sepulcro”) y subió al palco ubicado estratégicamente delante de la enorme cruz de barrio Rucci, en Camino de los Granaderos y Palestina. Unas 300 mil personas, de acuerdo a varias fuentes, vibraron poco antes de la medianoche cuando el sacerdote les agradeció el “momento” que le hicieron sentir. “Con su cariño, ustedes multiplican lo poco que yo les doy”, enfatizó antes de rematar: “Son mi familia”. La bendición final, como la trayectoria de los peregrinos, estuvo signada por la presencia de la virgen de la Natividad, que acompañó al hombre de Sri Lanka desde que llegó a la ciudad, hace 33 años. “Gracias por aguantarme”, graficó.

Por segundo año consecutivo no hubo lluvias durante el Vía Crucis, que comenzó anoche, puntualmente, a las 20.30. Poco antes, los peregrinos especulaban que se agregaría una cuarta cruz a las tres habituales que encabezan las sendas por las 14 diferentes estaciones. Pero hubo tres, como siempre. No obstante, entre el segundo y tercer crucifijo se sumó, por primera vez, la imagen de María. Junto a ella, Ignacio pidió por los enfermos, por trabajo y bregó para que la gente tenga su vivienda.

Ni antes ni después, ni durante el trayecto hubo incidentes. La organización no falló. Los fieles comenzaron a llegar desde la tarde, más temprano que en 2010. El clima era agradable y eso se hacía evidente entre la gente que, sentada sobre sillas plegables, aguardaba en paz. A medida que transcurría el tiempo, acercarse al predio se dificultaba cada vez más, pero los colaboradores se encargaban de indicar dónde estacionar o por qué lugar caminar. Entre el público, también arribaban combis y colectivos.

Un grupo de chicos ofrecía velas que cientos de personas iban portando: los adolescentes del Colegio Natividad del Señor habían aprovechado la oportunidad de juntar fondos para el viaje de estudios.

Poco antes del comienzo del rezo durante el camino de la cruz, se avisó que se repartirían rosarios y crucifijos frente al puente (calle Palliere) sobre Circunvalación. En cuestión de minutos, ese espacio se colmó de público.

Serían más de tres horas de caminata a lo largo de cinco kilómetros. La primera parada, en la estación Nº 1, sirvió para que, entre otras cosas, el padre Ignacio (de quien se escuchaba la voz en todo el predio) recordara que se estaba llevando a cabo 33ª edición del Vía Crucis. “Igual que la edad de Cristo”, remarcó el sacerdote.

Entre tantas miles de almas, algunos eran espectadores privilegiados, como la familia Gómez que tiene su vivienda (avenida Camino de los Granaderos 2782) a 50 metros del palco donde Ignacio daría la bendición final. Los integrantes de ese grupo se sentaron en la puerta de su casa a disfrutar también de la luna llena. De igual modo, actuaron otras personas que habitan en el mismo sector de unidades recientemente inauguradas. Para ellas, el espectáculo era novedoso.

En cambio, unas 10 mujeres que llegaron desde Totoras (partieron a las 18) estaban algo desorientadas al ver la enorme cantidad de gente y no tener experiencia previa.

Sin embargo, a ellas, como al resto de los fieles se los iría guiando para que siguieran las tres cruces. Es que, además de los 500 colaboradores del cura (ver página 8), se sumaron 250 efectivos policiales, tal como confirmó el subjefe de la policía de Rosario, Hernán Brest, a La Capital. Además, había que contar a la Guardia Urbana Municipal (GUM) y a los paramédicos del Sistema Integrado de Emergencia Sanitaria (Sies) y de empresas privadas de urgencias
médicas.

En descenso. La noche fue avanzando y la temperatura descendiendo. La feligreses pugnaban por acercarse a la cruz y tocarla. Poco antes de las 23, cuando terminó la larga y emocionante recorrida, Ignacio pedía por los enfermos. La lectura hacía referencia a los clavos con los que se crucificó a Jesús: “Duelen y martirizan, pero más duelen y martirizan los clavos de nuestros pecados”, se
escuchaba.

Al comienzo. Temprano, el panorama era de absoluta tranquilidad. Sobre el mediodía, en la parroquia Natividad del Señor había un entorno de calma que la imaginación no podía evitar comparar con el escenario que se avecinaría a partir de que llegaran los peregrinos para el Vía Crucis. “Se respira paz”, decía María Isabel Maldonado y muchos compartían la sensación a la que contribuía un trinar a toda orquesta desde el verde fresco de las plantas. Algunos ocupaban bancos en el templo casi vacío, otros tomaban mate. Eran pocos y habían llegado temprano. Hablaban en voz baja para no alterar el clima. El padre Ignacio se había retirado después de bendecir a unos dos mil hombres que acudieron a la hora de Piedad que arrancó a las 5 y terminó después de las 9. A partir de ese momento, los preparativos también eran tranquilos, incluso la actividad de un nutrido grupo de policías.

Idiomas

En un par de estaciones, Ignacio sorprendió a los fieles presentes con sus relatos en italiano e inglés.

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