Central vuelve a verse las caras con Huracán después de la final de Copa Argentina
El equipo dirigido por Eduardo Coudet expone su gran presente en un partido simbólico, justo ante el rival que lo frustró en la Copa Argentina hace apenas 5 meses.

Sábado 02 de Mayo de 2015

Aveces un partido de fútbol representa todo un símbolo. De aquello que se quiere glorificar o desterrar. De un antes y un después. Sobre todo cuando, en el medio, hay tan poca diferencia de tiempo y tanta agua haya corrido bajo el puente. Rosario Central vuelve a verse las caras con Huracán. Sí, ese rival que por obra y desgracia de remates al arco sin más oposición que la de un arquero, le arrebató el preciado sueño de coronar una vuelta olímpica después de tantas frustraciones. Pero como este bendito deporte siempre da revancha, y así como encumbra a los hundidos y hunde a los encumbrados, este equipo auriazul, renovado, con otro espíritu, que empezó de cero, tiene una magnífica oportunidad de seguir reciclando aquella ilusión hecha trizas hace apenas 5 meses. No será entonces una noche más esta de la 11ª fecha.

Después de tantos años de ostracismo, de bajar por el tobogán hasta lo increíble, Central empezó a resurgir de la mano de uno de sus ídolos: Miguel Angel Russo. Y con su conducción tocó el cielo con las manos cuando aquel 26 de noviembre enfrentó a Huracán en San Juan, en la final de la Copa Argentina. Señal del destino, o no, sobre el final de esa instancia que se encaminaba al 0 a 0 y los penales, llegó una noticia que enlutaría al pueblo auriazul: el técnico más ganador de su historia, el más querido, el del “Usted lo vio, usted lo vio...”, Don Angel Tulio Zof, dejaba para siempre un profundo vacío en el ánimo canalla (y del fútbol rosarino), como el que se sintió luego cuando, luego de ir dos penales arriba, Marcos Díaz se quedaba con el último remate del Sapito Hernán Encina.

Y cuando tras la salida de Russo, la flamante comisión directiva se encontró ante su primer dilema de salir del paso, se la jugó por un entrenador sin experiencia, pero con el suficiente carisma como para extender el crédito más allá de lo tolerable en caso de que las cosas no salieran. Pero salieron, ¡y cómo! Este Central de Eduardo Coudet sorprendió a propios y extraños con una campaña extraordinaria, con un invicto que se acercó al umbral de los récords históricos (ver aparte) de la institución y con un protagonismo que se metió como cuña entre los pesos pesados del fútbol argentino, que gozan del hándicap de sus planteles más cotizados y numerosos.

Tanto revuelo causó el Chacho, que ni el más optimista hubiera pensado que al llegar a la fecha 11, la de volverse a ver las caras con el verdugo de aquel sueño, Central estaría tan bien posicionado como para reciclar su expectativa y creer en pelear de nuevo por un título. Todo eso generó en poco tiempo el novel DT, que mutó en una personalidad que, sin perder la picardía que siempre lo caracterizó (y que por eso muchas veces extendió los límites de lo folclóricamente aceptable), parece centrada en su nuevo rol, el de conducir un proceso con la seriedad debida y los pies sobre la tierra.

Falta mucho, es cierto. Algunos se lamentarán de que justo ahora los torneos cortos desaparecieran, pero la verdad es siempre presente y esta noche Huracán, que viene de ser eliminado en la Libertadores pero ganó la Supercopa Argentina, le aparece símbolico como nunca, como una prueba más que, de ser superada, le agregará aún más connotaciones positivas a este tiempo feliz auriazul.