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Central volvió al triunfo tras cinco fechas con un merecido 2-1 sobre Lanús

Central volvió al triunfo y levantó cabeza. Terminó de enterrar rachas pesadas y con decisión forjó una victoria repleta de merecimientos. Recuperó la línea y ganó por convicción.

Martes 08 de Octubre de 2013

Central volvió al triunfo y levantó cabeza. Terminó de enterrar rachas pesadas y con decisión forjó una victoria repleta de merecimientos. Recuperó la línea y ganó por convicción. Porque no negoció su objetivo, más allá del penal errado y de algunos inconvenientes que debió sortear en su transitar. Venció por que esta vez encontró el hombre de más en la cancha y en el complemento se atrevió a ser artífice de su propio destino. Nunca claudicó en su búsqueda y esa nobleza en su esfuerzo tuvo la anhelada recompensa. El 2-1 sobre Lanús fue escaso por lo expuesto en el campo de juego, pero igual permitió una cosecha gruesa tras cinco fechas y un desahogo Gigante que fue representado por los aplausos del final.

El primer tiempo fue un torbellino emocional. Con mucha intensidad pero pocas ideas claras. De todas maneras, Central plantó de arranque la bandera de la decisión y del ataque. Buscó un resultado favorable con mucha actitud y determinación. Quizás le faltó lucidez para transformar esa sensación de dominio en el marcador.

Avisó con una volea de Carrizo (4') y un remate bajo de Medina (12'). Después llegó la jugada que volvió a exponer las vacilaciones de este momento canalla. Mano de Araujo en el área, en un salto con Lagos, claro penal y una chance inmejorable. Encima Lanús perdió la brújula, se excedió en las protestas y Merlos expulsó al arquero Marchesín (22').

Pero Nery Domínguez mandó a la azotea del Gigante el penal y los nervios comenzaron a corroer la hoja de ruta original y a dominar la escena. Es que Central se enfrentó de nuevo al desafío de jugar con un hombre más. Y en ese lapso desnudó una evidente impericia para convertir esa diferencia numérica en situaciones favorables de juego.

Es que después del penal fallado se nubló, no pudo tomar las riendas y evidenció sólo titubeos muy lejanos al área.

El descanso apareció con un cero repartido que castigaba las dudas inoportunas de Central y su falta de capacidad para poder capitalizar los escenarios propicios.
Central arrancó mejor en la segunda mitad. Fue más creativo, intuitivo y arrimó peligro real. Fue más atrevido, confiado y profundo. Creaba ocasiones y empezaba a inclinar con gran acento la balanza de los merecimientos para su lado.

Encina estuvo cerca (2’). Delgado disparó desviado (5’). Un remate de Carrizo besó el caño izquierdo (10’). Y así, de puro guapo e insistidor, logró lo que tanto le costaba. A los 18’, Ferrari le puso un centro fantástico a la posición de Niell y el chiquitín, que recién había ingresado, definió de cabeza, como una ironía del destino que provocó una explosión en Arroyito.

Central no tuvo respiro. Un pelotazo largo encontró a Delgado habilitando y Blanco marcó el empate (24’) ante un rebote de Mauricio Caranta.

Ese golpe tampoco lo venció. Siguió buscando lo único que le servía: la victoria. A los 30’, un córner desde la izquierda de Carrizo, fue aprovechado por Lagos, que sorprendió a todos en el segundo palo y decretó el segundo, el del triunfo. Justo Lagos, uno de los más resistidos, otra ironía del destino que tuvo merecida revancha.

En el final pudo aumentar a través de Lagos, Abreu o Carrizo. Y hasta a Encina le anularon un gol por posición adelantada. Pero los tres puntos ya estaban atesorados a fuego. Con la garganta al rojo, con el corazón en llamas, con las necesidades burlonas que anoche se vistieron de pasión y coraje para poder gritar a los cuatro vientos una victoria muy esperada.

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