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Central sólo igualó con Independiente Rivadavia y sigue lejos de sus pretensiones

Central no sale de su estupor. El vibrante empate en dos con Independiente Rivadavia en el Gigante no lo saca de su estado de conmoción e incertidumbre. No resuelve ninguno de sus problemas, profundiza sus dudas.

Martes 09 de Octubre de 2012

Central no sale de su estupor. El vibrante empate en dos con Independiente Rivadavia en el Gigante no lo saca de su estado de conmoción e incertidumbre. No resuelve ninguno de sus problemas, profundiza sus dudas y estira una situación de irregularidad, inquietud y agitación. Así vive este equipo. No puede encontrar fútbol, ni paz. Navega con poca claridad, cada vez más lejos de sus objetivos iniciales y con una línea de serenidad que se perdió hace rato.

Los bochornosos incidentes tras el partido en los vestuarios (ver página 4) son el correlato del clima que rodea a este universo canalla. Confusión, impotencia, gritos sin rumbos, ánimos caldeados y respuestas que no aparecen por ningún lado. Todo se acerca peligrosamente a una anacrónica sensación de caos.

En el primer tiempo, Central comenzó con más decisión pero de a poco se fue desinflando. Sólo Medina con sus arranques explosivos marcaba el camino, pero no surgieron acompañantes de ocasión. Lagos era confusión, Méndez no se hacía cargo y Gagliardi no lograba influir en el trámite. Por eso, Independiente se fue armando con paciencia, el oficio de Brítez Ojeda (encimó e incomodó a Nery Domínguez) y la movilidad del petiso Gómez en la ofensiva. Fue así que hasta la mitad de la primera etapa, fue la visita la que impuso las condiciones en un duelo en el que nadie ponía el freno de mano y el vértigo se transformaba en levedad y desorden.

Por eso no extrañó que a los 25’, tras un tiro libre frontal de Walter García, el zaguero Sbuttoni empujó la pelota al gol entrando al área chica. Fue un baldazo de agua fría para un Gigante que subía de temperatura. El clima se enrarecía y bajaban los insultos desde las tribunas.

Más allá de la desventaja inicial, Central se fue reinventando en el partido, sobre todo a partir de su determinación. El conjunto canalla no tenía claridad en la generación de juego, pero empujó el desarrollo más cerca del área de Ayala y empezó a cosechar ocasiones.

Medina tuvo dos claras (28’ y 30’) que no concretó; Méndez avisó con un tiro libre (36’); Toledo y Lagos estuvieron muy cerca en la misma jugada (43’). Central merecía más.

Y de tanto insistir, en el adicional de la etapa inicial, Méndez decretó el empate tras un exquisito tiro libre después de una falta que le cometieron a Medina. Fue desahogo y justicia para un choque con poca precisión, pero con emociones.

En el complemento, Central no pudo mantener su aceleración y no creó tantas chances. Encima, se descuidó a los 69’: Ferradas exigió a Caranta y Píriz Alves aprovechó el rebote para marcar el segundo de la Lepra mendocina. Allí el estadio se volvió una hoguera.

Por encima del escenario de presión, Central fue por más, sin ideas claras, a puro coraje. Y como señal de justicia, Castro vio la mano de García tras un córner de Méndez y la entrada de Peppino. Cuando el gigante explotaba Lagos se acomodó y convirtió el penal de zurda, con clase, cerca del palo derecho.

La igualdad calmó el reclamo de las tribunas, sólo un poco. Central volvió a desperdiciar otra chance de enderezar su rumbo y meterse de lleno en el torneo. Hasta ahora sigue estancado, al lado del camino. Atado a sus nervios. Adentro y afuera de la cancha.

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