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Central sigue pinchado y su caída parece no tener fin

El conjunto de Miguel Angel Russo sigue preso de los malos resultados y no encuentra la salida futbolística. Ayer fue Estudiantes el que no lo perdonó y lo venció 1 a 0.

Lunes 10 de Noviembre de 2014

Otra vez un error y un gol en contra. Otra vez un resultado adverso que no se puede revertir. Ni siquiera emparejar. Otro cachetazo para un Central que parece dar vueltas y vueltas en medio de un laberinto en el que cada vez luce más lejos de la salida. Puede tomarse como atenuante que lo de esta vez no tuvo ribetes apáticos como en otras oportunidades, pero es sólo una especie de premio consuelo, algo profundamente insignificante para lo que se requiere. Estudiantes fue el que abofeteó en esta ocasión al Canalla (fue 1 a 0), el equipo que le hizo pagar caro un error que pareció mínimo, pero que resultó un verdadero puñal.
  A esta altura hay un sinfín de cosas que replantarse. Exponer como un mérito que hasta el momento del gol el equipo estaba ejerciendo cierto control del partido es, en cierta parte, una especie de conformismo que no conduce a nada. Es que ese error que cometió Jonás Aguirre forma parte de una estructura futbolística que no responde. Como también lo es esa incapacidad para sobreponerse aún teniendo la pelota en los pies más tiempo que el rival. Todo forma parte de esas vueltas y más vueltas que se dan sin poder hallar una solución.
  Es cierto que el partido estaba demasiado parejo. Tan cierto como que después de ese bombazo que Cerutti clavó en el ángulo luego de que Jonás le regalara la pelota pareció el final de la historia. ¿Cómo explicarlo? Relativamente sencillo. En los primeros 45’ hubo sólo una contra con superioridad numérica por parte de Central en la que Barrientos decidió mal. No llegó a ser una chance de gol. Justo el ex Lanús fue quien mejor parecía entender el juego, pero para un equipo con pretensiones olía a poco.
  Estudiantes tampoco fue una tromba, pero con el tiro libre en el travesaño de Correa (3’) y la media vuelta fallida de Vera bien pudo haber hecho que la pulseada resultara más desigual todavía.
  Las concesiones que el Pincha le dio a Central en el complemento fue quizás la hendija a través de la cual observar esos males que hoy parecen irresolutos. Porque el local se paró de otra forma, con más especulación, administrando fuerzas por el desgaste que traía encima y entregándole toda la responsabilidad a Central. Pero del otro lado sólo hubo inercia y pocas ideas. Ir por ir nunca fue negocio.
  Un cabezazo muy débil por parte de Acevedo (48’), una media vuelta de Medina que Hilario Navarro mandó al córner (64’) y una arremetida sobre el final en la que Abreu optó por asistir a Montoya en lugar de pegarle al arco.
  Es cierto que se tuvo más la pelota y que de a ratos el Canalla trató de llevarse por delante a un Estudiantes que se parapetó para hacer algo que le sale muy bien como es defenderse. Pero la liviandad fue una de las banderas que alzó un Central que da vueltas sobre su inoperancia y que no encuentra los atajos para salir del encierro del que hoy es presa fácil.

El típico “error y gol en contra”

Cuánto se habló en Central durante las últimas semanas de los errores individuales que repercuten en resultados adversos. Muchas palabras fueron las que se vertieron. Antes que nada desde aquí se vuelve a hacer hincapié en que la estructura debiera repeler cualquier tipo de contratiempos. Ahora, es lógico que el momento por el que pasa el Canalla todo se hace más complejo. Esta vez un mal pase de Jonás Aguirre hacia atrás terminó como no podía ser de otra forma: con un gol en contra. Y se trató del error que terminó en derrota.
  No sirve de nada que hoy el juvenil enfrente algún micrófono y asuma cierta culpa. No es la forma de resolver el problema. No obstante, el ejercicio que no puede dejar de ensayarse es ese intento de achicar el margen de error, como le gusta decir a Russo. Ayer bastó que un jugador se equivoque para que Caranta sufra las consecuencias. Y a esta altura cabría preguntarse por qué aparecen esos yerros. Si son por desconcentración, presión o falta de jerarquía. Lo cierto es que Central no puede apartarse de ellos ni tampoco disimularlos. Y por eso paga las consecuencias.

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