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Central: Russo usó menos jugadores que antes con casi el doble de partidos

La base, generalmente, lo es todo, más en el fútbol. Por eso los técnicos suelen apelar a la rotación de nombres cuando las cosas están lejos de darse como ellos las imaginan.

Miércoles 24 de Abril de 2013

La base, generalmente, lo es todo, más en el fútbol. Por eso los técnicos suelen apelar a la rotación de nombres cuando las cosas están lejos de darse como ellos las imaginan. Y es lógico también que una vez que el rendimiento y, fundamentalmente, los resultados, comienzan a emparentarse con el ideal, esa apuesta de cambiar nombres vaya perdiendo fuerza. Es lo que le pasó a este Rosario Central, al que se le pueden atribuir dos períodos de rendimientos bien marcados. Un inicio en el que todo salía al revés, al menos no en la magnitud de lo deseado, y otro muy distinto en el que los resultados de a poco se fueron transformando en el principal sostén de esta gran campaña. Y Miguel Angel Russo se aferró a eso de, una vez encontrada la base, tratar de tocar lo menos posible. Es simple: en esa primera etapa del campeonato (hasta el partido ante Douglas Haig, fecha 11) el DT utilizó 22 jugadores de titular y sólo uno (Carizo) ingresando desde el banco. En el otro tramo del torneo esa primera cifra se redujo a 17 y con algunas consideraciones especiales que merecen ser atendidas. Después fueron cinco los que ingresaron, y en algunos casos con algunas particularidades.

La primera lectura que debe hacerse es que aquel inicio del torneo encontró en los jugadores rendimientos muy dispares. Esto incluye, por supuesto, la lectura que hizo el entrenador tanto en la previa como en el desarrollo del certamen.

Entre aquellos que llegaron como refuerzos, más los que ya estaban en el club y porqué no algunos juveniles, la verdadera depuración del plantel llevó su tiempo. Pero no una depuración que tenga que ver con la exclusión de futbolistas, sino en el sentido de los méritos que cada uno fue haciendo y de allí el lugar que cada uno fue ocupando.

Pero claro, si el equipo no funciona es lógico que el técnico deba hacer cambios. Es algo así como el cuento del huevo y la gallina. Lo cierto es que hubo muchas caras que pasaron de la titularidad al banco y viceversa, y otros que directamente se cayeron de la consideración del DT.

Russo siempre se mantuvo en la postura de que confiaba a pleno en el proyecto y que las cosas se iban a encaminar. Por eso tildar al quiebre que hizo Central en el torneo como un hecho fortuito se asemejaría más a una falta de respeto que a un análisis medianamente coherente. Ahora, con ese quiebre llegó otro comportamiento de parte de los jugadores y, en igual medida, otra actitud por parte del entrenador, más allá de que la cantidad de jugadores utilizados sea prácticamente la misma. También hay que atender que esa segunda etapa cuenta con nueve partidos más disputados que la primera.

De aquellos 22 futbolistas que aparecieron al menos una vez desde el primer minuto se pasó a 17. ¿Con algunas particularidades? Sí. De esos 17 jugadores, cinco tuvieron su chance de ser titular porque les tocó reemplazar a algún lesionado o suspendido. De no haber sido de esa manera, los nombres utilizados serían mucho menor todavía.

En este grupo entran Casteglione, Freitas, Bareiro, Carrizo y Pezzuti. A todos ellos el técnico echó mano cuando tuvo que resolver una ausencia de los que venían jugando y por decisiones estrictamente tácticas.

Por supuesto también está el hecho de que cuando a todos ellos les tocó jugar el equipo no se resintió porque precisamente lo que se había logrado era afianzar la base.

Hasta el grupo de los que tuvieron al menos un minuto en cancha ingresando desde el banco tiene sus particularidades. Por ejemplo, José Luis García jugó apenas un puñado de minutos en aquel recordado partido frente a Defensa y Justicia, que marcó el puntapié inicial de la remontada, y después de eso no estuvo más. Es más, al poco tiempo dejó de formar parte del plantel (retornó a Almirante Brown). Walter Acuña ingresó en dos encuentros y a Tomás Berra se le presentó la posibilidad en Tucumán, a minutos del final, por una lesión de Rafael Delgado. En esos casos también la cantidad de jugadores utilizados pudo haber sido mucho menor.

Todas esas apuestas del inicio del torneo tuvieron un común denominador: la falta de resultados. Y lo contrario sucedió cuando el equipo comenzó a sumar en la medida que el técnico pretendía. Por eso, los movimientos de nombres dejaron de apuntar a esa búsqueda frenética del ideal y sólo quedó reducida a hechos circunstanciales. Fue un quiebre en el torneo y a partir de él el afianzamiento de las piezas y la conformación de la base.

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