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Central perdió ante Instituto y dio un paso atrás en su carrera por ascender

Fue una verdadera rareza ver a Central deambulando en el enorme Mario Alberto Kempes y esperando que suene el pitazo final para que terminara el martirio. Instituto estaba tres goles arriba y se floreaba frente a un conjunto auriazul que prácticamente pedía clemencia futbolística.

Domingo 04 de Marzo de 2012

Fue una verdadera rareza ver a Central deambulando en el enorme Mario Alberto Kempes y esperando que suene el pitazo final para que terminara el martirio. Instituto estaba tres goles arriba y se floreaba frente a un conjunto auriazul que prácticamente pedía clemencia futbolística. Es que ayer el canalla perdió la compostura de principio a fin y fue superado ampliamente en todas las líneas. Esto jamás había ocurrido con tanta crudeza en la era Pizzi. Pero enfrente estaba, sin dudas, el mejor equipo del ascenso. Así Central sufrió los garrafales errores propios y además padeció el juego efectivo y vistoso ajeno. Un cóctel letal, que deberá remediarse en una semana que será dura de cara al choque del lunes que viene ante los jujeños. Porque además de la goleada vieron la roja Medina y Monje. Nada está perdido ni mucho menos, pero hay errores individuales y colectivos que se deben mejorar para mantenerse en la pelea. Por supuesto que lo de ayer fue un sopapo ante un rival directo.

Central empezó y terminó a contramano del trámite y el resultado, justo contra la formación más aceitada de la B Nacional. Porque a pesar de no tener nombres rutilantes, más allá de la aparición de ensueño del pibe Dybala, en Instituto las partes se potencian en el engranaje colectivo, entendiendo a la perfección la idea de toque, rotación y contraataque que propone Franco. Y ayer el canalla nunca pudo ejercer la presión que pregona Pizzi y la intensidad en las acciones siempre las impuso el conjunto cordobés.

El concierto de errores de Central fue inmediato. Ni bien comenzó a funcionar el cronómetro la historia se torció. Porque movió la pelota el canalla y hubo un gol a los 15 segundos. Pero fue en el arco del propio Broun. Increíble, pero real. Es que Méndez salió para adelante y la perdió, Delgado la tiró atrás sin mirar, Valentini la quiso reventar, pero pifió, y el más vivo de todos fue el Sapito Encina, que con astucia le dio al arco. La pelota sorprendió a Broun que había quedado a mitad de camino cuando la rechazó Petaco de manera imperfecta. Moraleja, gol insólito de Instituto.

Fue una puñalada de arranque para la ilusión canalla. Pero hubo más. A los 3 minutos Medina levantó el brazo, Maglio entendió que con intención de lastimar a Barsottini (no pareció) y roja para Tony. Peor imposible. Porque además en el trámite siempre mandó Instituto, con juego atildado y aceleración en tres cuartos que complicaba a la defensa auriazul. Dybala era una pesadilla y Fileppi, la manija.

¿Qué fue Central? Un manojo de voluntades desperdigados por la cancha. Con Biglieri (Sills lo enganchó entrando al área en el primer tiempo) corriendo sólo arriba y con el fantasma de la ausencia de Castillejos (ver aparte) como una solución que no llegó. Méndez fue pura voluntad y terminó jugando gratis por la dureza en cada dividida. Mozzo mordió a todos. El resto, nada.

Ni la roja a Videla en el inicio del complemento emparejó la historia. Dybala primero reventó el travesaño y después clavó el segundo. Gagliardi, entrando a la carrera, decoró la goleada de cabeza. La expulsión a Monje en el final fue la síntesis de la impotencia auriazul.

Una derrota dura por el resultado, pero fundamentalmente por el trámite adverso de los 90'. Una actuación que no se puede repetir. El grupo y el cuerpo técnico, los que pusieron a Central arriba, ahora deberán hacer una autocrítica de la performance de ayer para encauzar el rumbo. Queda mucho por jugar, pero el canalla conoció en carne propia que sus competidores por el ascenso están firmes y no se puede dar ningún tipo de ventajas.

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