Viernes 26 de Octubre de 2012
Soy ferviente hincha de Rosario Central. Todos los partidos en que juega de local vamos a la cancha con mi yerno, mi hija más chica y cuatro veces llevamos a mi nieto de 4 años. Hasta hace poco, y durante todo el tiempo que llevamos en la B, la seguridad era total y en todos los partidos, independientemente de los resultados el clima era de fiesta. Con los fracasos, tanto deportivos como institucionales, las cosas de a poco fueron cambiando. Central en lo futbolístico está a la deriva, es público y lo sabe el país entero. Esto con un cambio de manager, de algunos futbolistas o del técnico se puede arreglar, ojalá así sea. Pero hay otras cosas que están pasando a las que en esta carta me quiero referir que son más difíciles de arreglar. La gente -mucha- está dejando de ir a la cancha. La barra se está adueñando del estadio. Grupos de ellos se meten en cada
sector de plateas con sus cigarrillos de marihuana y sus hábitos, y no se entiende si los mandan los dirigentes para "apretar" o lo hacen por su cuenta. En cualquiera de los dos casos es gravísimo. El último partido, un barra insultaba a una señora cuya familia tiene dos palcos. El deterioro institucional, el abandono de las instalaciones, el avance de la barra generan un desánimo y un temor por el cual la gente deja de ir a la cancha. Todos en mi sector de plateas hablan de lo mismo. En mi caso ya no va, por supuesto, mi nieto, la próxima es mi hija y por último seré yo. Hasta el momento no hay ningún indicio de que algo vaya a cambiar, los dirigentes lucen como desorientados, evidentemente no tienen la capacidad necesaria para los lugares que ocupan. Tal vez deberían en un gesto de humildad adelantar las elecciones. Quiero aclarar que no pertenezco a ninguna agrupación política y que oportunamente voté a esta comisión directiva.
DNI. 11.874.698