Domingo 15 de Noviembre de 2015
Once meses de trabajo. Diez de competencia. El resultado: un año futbolístico que dejó sensaciones placenteras. La sentencia de los hinchas al término del partido contra Boca, en el Gigante, fue como un reflejo de lo que realizado por el equipo de Eduardo Coudet, al que le quedó el sabor amargo de no haber podido alzar un trofeo, aunque sí el aliciente de haber logrado la clasificación a la Copa Libertadores de América. Por eso a la hora de trazar un balance sobre lo realizado en esta etapa no cabe otra mirada que se aparte de la columna del haber. ¿Las cosas pudieron resultar mucho mejor? Sin dudas. De allí esas sensaciones que coquetearon entre el fastidio y el conformismo.
No obstante, el paso que se dio fue importante. Y debería servir como plataforma para el crecimiento, que es ni más ni menos que el próximo gran objetivo. Un repaso por las principales virtudes en las que se basó el trabajo del Chacho y sus jugadores, y lo que dejó este comportamiento de cara a lo que viene.
Un grupo, un equipo. Este Central dejó en claro ser un buen equipo, con capacidad de llevar a la práctica sus ansias de protagonismo, pero el factor humano siempre pareció ser uno de sus mejores aliados, lo que no siempre es fácil de lograr. Imposible obviar que en la buena cantidad de refuerzos que llegaron en los dos libros de pases muchos fueron jugadores nacidos en la institución y encima conocidos y hasta ex compañeros de Coudet. A Ruben, Delgado, Villagra nadie tuvo que explicarles lo que era Central y lo que significaba hacer un buen trabajo. Hasta Pablo Alvarez llegó con un pasado en Arroyito. Después, la base (importante por cierto) que estaba también resultó clave. Nunca se conocieron (al menos no trascendieron) problemas internos, ni siquiera por parte de aquellos que esperaban jugar más y tuvieron que esperar su turno.
El protagonismo hasta el final. Hablar de un equipo protagonista hasta el final es dar cuenta de que los objetivos básicos fueron cumplidos. Puede analizarse, claro, que la sequía de títulos no se alteró. No pudo ser en el torneo local, tampoco en la Copa Argentina, pero vale el haber sabido lucir el traje de protagonista a sol y a sombra en ambos torneos. Hacía desde 1999 (con Bauza) que Central no peleaba un torneo local hasta el final. Este Central 2015 arrancó con toda la furia y la meseta por la que atravesó, en la que estuvo cinco partidos sin ganar en el Gigante, no lo hizo bajar los brazos. Más bien todo lo contrario. Recién en el último tramo no pudo con el ritmo que impuso Boca. El reconocimiento de los hinchas en el último partido fue el reflejo más acabado de la muy buena sensación que dejó el equipo.