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Central le ganó a Independiente Rivadavia y dio un paso más hacia el ascenso

Tres minutos del complemento: zapatazo de Brítez Ojeda contra el palo izquierdo de Caranta e Independiente Rivadavia se ponía 1-2. Seis minutos: centro de Longo desde la izquierda, cabezazo de Fabbiani que dio en el palo izquierdo y casi empate.

Martes 09 de Abril de 2013

Tres minutos del complemento: zapatazo de Brítez Ojeda contra el palo izquierdo de Caranta e Independiente Rivadavia se ponía 1-2. Seis minutos: centro de Longo desde la izquierda, cabezazo de Fabbiani que dio en el palo izquierdo y casi empate. Se elige arrancar por el momento más flaco de Central desde lo futbolístico porque fue el más corto, el que casi desnaturaliza un partido en el que el Canalla fue más claro que el rival en el primer tiempo y enormemente superior después de esos sofocones. Conclusión: prueba altamente superada y, nobleza obliga, esa cosa llamada ascenso quedó al alcance de la mano más que nunca. Imposible pasar por alto eso, que en definitiva es lo que debe y merece ser destacado. Un gran partido del Canalla en Mendoza, con un 3 a 1 que quedó corto teniendo en cuenta el trámite del juego y al que, además de ese bache del inicio del complemento, no le faltó temperamento, agresividad, lucidez e inteligencia.

La sensación que quedó es que si a Central le empataban en alguna pelota aislada antes de que hiciera el tercero, el lamento sería supremo, precisamente porque la superioridad fue abrumadora, especialmente después de que Independiente se pusiera a tiro del empate en esos 10’ de nerviosismo.

Este equipo canalla ya no gana ahí, con lo justo. De a poco se hace más amigo de las armas que se necesitan para no entregarle la más mínima chance al rival. Es cierto que la cosa arrancó con un penal de Aveska sobre Medina y que Encina cambió por gol, pero era mucho el tiempo que quedaba por delante para revalidar la diferencia.

Muchas veces no es necesario tener la pelota picando en el área chica para que exista una situación de gol. De hecho Central no la tuvo en el primer tiempo, pero cada vez que manejó la pelota con criterio en zona de tres cuartos encontró los espacios para generar situaciones claras. Después la falta de precisión jugó su papel.

Independiente tuvo una con un cabezazo de Piriz Alvez (28’), pero no más que eso, mientras Central iba. Y de tanto ir encontró el segundo en la cabeza de Toledo tras el centro del Sapito Encina a tres dedos.

¿Y después de eso qué? Ese arranque con la vista nublada y la cabeza en otra parte que le permitió a Independiente arrimarse. Después, todo de Central.

Méndez comenzó a flotar un poco más adelante del anillo central, justo cuando Russo mandaba a la cancha a Gagliardi porque entendía que el recién ingresado Longo le estaba ganando el andarivel a Encina. De allí en adelante un verdadero monólogo. A saber: Toledo se pasó de largo en el centro de Medina (52’), Gagliardi desperdició un mano a mano (69’), Méndez se lo perdió solo con todo el arco a disposición (77’), otra vez Gagliardi lo erró por poco cuando quiso definir de emboquillada (80’), Delgado le erró al arco entrando por izquierda (82’), Bareiro no pudo empujarla casi abajo del arco (84’). Todo en medio de un desaguisado táctico de Gamboa en el afán de sumar hombres en ataque.

El toque de gracia, la tranquilidad, la justeza en el marcador y el premio a tanta búsqueda llegó vía Bareiro (centro preciso de Carrizo). Las cosas en su lugar.

Una fecha más y hay una distancia que se mantiene con el cuarto y se estira con el segundo y el tercero (ver página 4), pero lo que también hay es un juego que no sólo se mantiene, sino que se potencia. Un combo que invita a pensar que todo está al alcance de la mano más que nunca.

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