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Central: eliminó a Vélez por penales y ahora jugará ante Belgrano en octavos

Cuando Pizzi metió a Rivarola a falta de un minuto de juego fue la imagen premonitoria. Toda una señal. Un guiño cómplice del destino. Se venían los penales después del 1 a 1 en tiempo reglamentario y el técnico...

Viernes 30 de Marzo de 2012

Cuando Pizzi metió a Rivarola a falta de un minuto de juego fue la imagen premonitoria. Toda una señal. Un guiño cómplice del destino. Se venían los penales después del 1 a 1 en tiempo reglamentario y el técnico canalla movía fichas importantes en el tablero de la definición. Y Pirulo devolvió el gesto de confianza con un exquisito remate, en la sexta tanda de penales, que se coló en el ángulo izquierdo de Montoya y que se transformó en el pasaje a los octavos de final de la Copa Argentina, en los que deberá cruzarse con Belgrano.

Así, Central, que se animó a poner lo mejor que tenía a mano, hizo lo necesario para llegar con chances hasta el final del partido y le dio rienda suelta a su euforia con este Pirulazo en tierras salteñas, ante un exigente equipo alternativo de Vélez.

El partido no fue sencillo. Caminó por la cornisa de los riesgos, sobre todo en el comienzo, pero Central se puso en la pelea con gran amor propio y forjó un triunfo que le alimenta su alma guerrera.

La barra, que llegó sobre la hora, recién se estaba acomodando en la popular sur cuando Pratto marcó el gol de Vélez al minuto. Cuando todo era sensaciones y promesas, Central regaló una grieta increíble en el corazón de su defensa y tuvo que remar de atrás el partido desde el minuto de juego. El tablero se presentaba cuesta arriba muy temprano.

Ese gol aturdió al conjunto de Pizzi, que demostraba muchos problemas en el control de la pelota, con muchas imprecisiones que atentaban contra cualquier indicio de reacción. Central no tenía la pelota y sufría cuando la movían los picantes de la ofensiva velezana.

Al canalla le costaba dar más de dos pases seguidos y ese problema se trasladaba al estado de ánimo de los jugadores. Mozzo se perdía en su tarea de rueda de auxilio, Alderete era una sombra de confusión, Méndez era bronca mal canalizada y no surgían generadores de juego. Central sólo ofrecía en esos minutos la valentía de Lequi y la lejana soledad de Castillejos.

Y a los 35', con un tiro libre desde la izquierda, Central encontró su posibilidad de reencauzarse en el partido. Méndez ejecutó con mucha rosca, la pelota pasó en medio de todos y sorprendió a Montoya al colarse pegada al palo izquierdo.

Ese empate le permitió acomodarse y fue una vía rápida de acceso a un desarrollo diferente, impensado minutos antes, y eso quedó demostrado con la chance que tuvo Monje, tras una excelente habilitación de Biglieri, en un mano a mano que fue desarmado por Montoya.

El descanso encontró a Central con la posibilidad de encarar lo que restaba apoyado en un resultado que le permitía soñar, más allá que desde el juego estuvo algo lejos de merecer esa parda.

En el complemento Central salió a jugar más adelante y con dientes más apretados. Aunque los errores se mantenían y la lucha se hacía más pareja, pero tediosa. El reloj comenzó a presionar más a Vélez.

Con el ingreso de Ricky Gómez, Pizzi movió el esquema, adelantó a Monje y pasó a jugar con dos puntas, pero no sirvió para crear peligro.

Sobre la medianoche, los penales sentenciaron la historia y Rivarola puso a Central como uno de los protagonistas de esta Copa. Y dejó la sensación que quiere ir por más.

Por Pirulo y el Mellizo

El zurdazo de Rivarola arriba le dio la victoria al canalla en los penales, luego que García desviara el remate de Bella. Un 5-4 definido tras la serie inicial de cinco en la que marcaron Lequi, Castillejos, Mozzo y Gómez para Central (erró Ferrari); Pratto, Cerro, Tobio y Ferreira para Vélez (García se lo atajó a Zapata).

Un oportuno envión

Más allá de que Central decidió no descuidar en ningún momento el desarrollo de la Copa Argentina, la realidad indica que la mayor obligación está en otro lado. La gran responsabilidad de este equipo es conseguir el ascenso y para eso no debe perderle pisada a los de arriba. Por eso, la victoria de anoche sirve como una gran plataforma anímica para poder encarar lo que viene, con la motivación por las nubes.
La idea de Pizzi, el gran ganador de la noche, luego de la apuesta por poner mayoría de titulares, es confirmar la senda que se viene transitando con una buena actuación y un resultado favorable el lunes ante Almirante Brown. Allí se apuntan todos los cañones y el equipo canalla se presentará entonado tras su paso por Salta.
La cuestión pasaba por saber si se iba a notar la diferencia de categoría. Si los suplentes fortineros podían ser un escollo insalvable para la apuesta canalla. Y todo salió como pretendía el entrenador canalla, su equipo se plantó con nobleza, dejó todo y se llevó una gran recompensa que le permitirá seguir camino con un baño de luz y optimismo.
Pizzi no se hizo eco de las especulaciones de turno, apostó fuerte con dos frentes abiertos y les regaló a los suyos una inyección de felicidad y confianza que invita a pensar en grande sobre el futuro inmediato. l

Pizzi se hizo cargo

Juan Antonio Pizzi sufrió mucho la definición. Y dijo claramente porqué: “Soy el entrenador de unos de los más clubes más importantes de la Argentina y el equipo tiene que representar siempre eso”. Esto es, el entrenador de Rosario Central asumió la responsabilidad de poner lo que creía mejor en cancha pese a la cercanía del encuentro ante Almirante Brown, y por eso el valor se equipara como el de un triunfo en el campeonato que, tal vez para todos, más importa. Con el plus que significó al clasificación luego del bajón por el empate pasado ante Boca Unidos.
“Siempre pienso lo mismo. Trato de poner el mejor equipo y evalúo un montón de cosas. Después tomo una decisión, aunque eso no me garantiza el resultado. Pero mi función es asumir esa responsabilidad, para bien o mal. No pierdo la esencia y sé lo que represento”, dijo antes de abordar lo dicho al principio y para explicar la decisión de poner todo.
Y si bien Pizzi siempre pone lo anímico en un segundo plano, reconoció que vino bien esta victoria por penales sobre Vélez luego del 2-2 con los correntinos. “El hecho de haber eliminado a este tipo de rival, con lo que significa en el fútbol argentino, repercute en el aspecto anímico sin dudas, más después del empate con Boca Unidos”.
Sobre el partido, el DT canalla fue autocrítico: “El primer tiempo entramos en los primeros veinte minutos completamente desconectados de la situación. Al minuto nos hicieron un gol, que es un tema que tenemos que revisar. No podemos jugar un partido de esta índole y que te conviertan un gol así, y menos si enfrente está Vélez, porque te lleva a un desgaste importante. Después de los 25’ emparejamos, sin tener tanta profundidad, pero más acorde a lo que planificamos. En el segundo estuvimos bien parados, aunque no generamos muchas situaciones. Es que los dos fuimos muy sólidos”.
Y para lo que viene, el DT la tiene clara. “El festejo nos dura hasta la cena y ya pensamos en Almirante. Vamos a recuperarnos bien”. l

García, el señor de los penales

Manuel García, con su gran labor en la definición por penales, fue uno de los destacados de la victoria canalla. Pero no resultó extraño, sino que extendió su buena performance desde los doce pasos. Es que en los 14 partidos que lleva en el arco canalla le patearon ocho, de los cuales contuvo cuatro, la mitad. Una marca sin dudas muy buena.
La primera vez que tuvo que entrar en acción en ese rubro fue contra Deportivo Merlo (11ª). Allí le contuvo el remate a Barreiro. Lo mismo sucedió contra Guillermo Brown (25ª), cuando le adivinó la intención a Tevez. Desde ese momento se transformó en el primer arquero de la historia del club en atajar los dos primeros penales que le patearon.
Ayer, de las seis veces que lo exigieron salió airoso en dos de ellos (contra Zapata y Bella). Hasta aquí, todo un especialista. l

Salteños y canallas

Status, el bar de Ameghino y Mitre es el punto de encuentro. En el casco céntrico de Salta. Allí se juntan cada vez que quieren compartir la pasión que sienten por Central, más allá de la distancia que impone con su extensión la geografía argentina. Un grupo de amigos salteños, pero a la vez por herencia, fervorosos hinchas canallas ayer no dudaron un instante al momento de reunirse para ir al estadio Padre Martearena.
  Apenas arrancó la tarde se comenzó a poblar el bar de Pablo. De a poco, la previa empezó a adoptar un marcado tinte azul y amarillo. Todos exhibían una ansiedad inusitada, propia de una oportunidad muy esperada que se repite. Es que eso representó el partido de anoche para estos chicos que transitan edad universitaria.
  Y ayer, a pesar de que era un día de semana, algunos eligieron dejar de lado sus obligaciones estudiantiles para darle rienda suelta a su efervescencia futbolera. Sin frenos y sin límites. Por eso, cada conversación, cada deseo y cada semilla de ilusión se encarrilaban siempre a través del fanatismo por Central.
  Y la cuestión fue tomando color con el ruidoso arribo de algunos simpatizantes provenientes de Rosario, que ya estaban alertados del lugar y se unieron en el encuentro.
  Cuando transmiten por TV a Central, el boliche nocturno abre sus puertas para los amigos auriazules y a Pablo lo acompañan en el vicio Horacio Cruz, Leonardo, Luis, Fernando Plazza y las familias Fiorino, Spinozzi, Palma y Moretti.
  “Esto de tener a Central dos veces en tan poco tiempo en Salta es increíble. No lo podemos creer, lo estamos disfrutando como nunca y en familia”, dijo Pablo con una mueca de satisfacción en el rostro. “Estamos planeando todo para armar una filial en Salta, ese es nuestro objetivo para estar más organizados”, agregó el Pelado Spinozzi.
  Queda claro, una vez más, que la locura no entiende de distancias, que el fútbol las traspasa con una facilidad sorprendente. No hay nada que pueda atentar contra la fidelidad del hincha, más allá de su lugar de arraigo. Ayer, los vientos de finales de marzo y la lejanía de Salta les regalaron a estos chicos la chance de participar en primera persona de un místico ritual que se desata cada vez que juega Central. l

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