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Central debe mejorar y meterse rápidamente en la pelea

Es posible que parezca que se están recargando demasiado las tintas sobre el andar cansino de Rosario Central en el torneo, pero la pálida imagen mostrada hasta aquí no permite ver más allá ni visualizar los condimentos para alimentar los pensamientos positivos.

Miércoles 03 de Octubre de 2012

Es posible que parezca que se están recargando demasiado las tintas sobre el andar cansino de Rosario Central en el torneo, pero la pálida imagen mostrada hasta aquí no permite ver más allá ni visualizar los condimentos para alimentar los pensamientos positivos. Lo que se intentará desde aquí es hacer un recorrido por los principales puntos que hoy atentan contra la ilusión. De arranque, hay que decir que es uno de los equipos que más perdió en las ocho fechas que se llevan disputadas. Son cuatro caídas (igual que Deportivo Merlo, Douglas Haig y Chicago), tan sólo una menos que los más perdedores: Huracán y Patronato, precisamente quien le ganó el pasado fin de semana. Es por esto que hoy pesan más los puntos flacos que los otros, que también existen (ver aparte).

Los más salientes:

El principal karma de Central está sin dudas en la irregularidad que muestra. No haber ganado dos partidos seguidos es el hecho más significativo. Le costó acomodarse de local (perdió el primero y empató el segundo), pero de a poco fue adquiriendo la solidez pretendida, justo cuando se comenzaba a hablar de lo que le pesaba al equipo soportar la presión de su gente. El problema es que esa compensación se desdibujó fuera de Arroyito. Se pasa del aplomo a la desidia futbolística sin pasos intermedios. Y esto atenta contra las aspiraciones. Por eso la navegación en la mitad de tabla. Si hoy no está demasiado lejos de la punta es precisamente porque el resto sufre el mismo mal, pero de eso no debe valerse el conjunto canalla. Más bien todo lo contrario. Cuando la regularidad aparezca será tiempo de empezar a creer con fundamentos más sólidos.

El juego en equipo que conlleva la génesis del fútbol no invalida el peso que deben tener las individualidades. En este punto el equipo sigue estando en deuda. Son pocos los casos de algún jugador que desequilibre por peso propio. Jesús Méndez, con sus vaivenes, es casi siempre el encargado de jugar y hacer jugar al equipo. Lagos está en esa misma sintonía. De hecho marcó dos goles y asistió en la mayoría de los avances. Y no mucho más. Porque Carlos Casteglione, un jugador de una dilatada trayectoria, se sumerge más en la confusión generalizada en mayor proporción que lo que aporta desde su experiencia. Mauricio Caranta aguanta hasta donde puede, Javier Yacuzzi por ahora pierde más de lo que recupera, Paulo Ferrari no es ese jugador que deja el surco por el andarivel derecho y arriba ninguno de los delanteros, a los que la pelota no siempre les llega limpia, logra transformar una jugada sucia en una chance propicia para convertir. Es una especie de círculo vicioso. Cuanto más bajo están las individualidades, más le cuesta al equipo funcionar como tal y viceversa. Por lo pronto, hoy no hay nadie que pueda romper con el molde.

A cualquier equipo le resulta más fácil dominar las instancias de un partido cuando el resultado le es favorable. Sacando el encuentro contra Banfield, que lo arrancó ganando y se lo dieron vuelta, en todos los demás cuando se puso en ventaja (Boca Unidos, Nueva Chicago y Atlético Tucumán) los terminó ganando. Ahora, si llega el cachetazo primero la empresa se torna realmente ingobernable. Hay una incapacidad llamativa y a la vez preocupante para remontar un resultado adverso. En ese sentido los números son inapelables. Es como que los papeles se queman ante la primera adversidad. Porque el equipo entra en una desorientación mucho más pronunciada que la que exhibe en condiciones normales. En el deporte, y el fútbol en especial, es necesaria esa cuota de rebeldía. Este Central no parece tenerla o al menos encontrarla. Demasiado peso en contra para un equipo que se considera con aspiraciones.

Todo un tema el de los delanteros, más allá de que no todo pasa porque los de arriba andan torcido con el arco, ya que el equipo no genera demasiado. Que en ocho fechas un solo atacante haya convertido, y en una sola ocasión, es todo un síntoma. Encima Russo ya probó con todo lo que tiene a disposición. Sí es cierto que a algunos (caso Medina) les dio muy pocas posibilidades. Pero así como el chaqueño no conformó tampoco lo hicieron Toledo, Bracamonte y Costa. El resto del equipo viene colaborando con su cuota de gol, pero con eso no alcanza. Si los atacantes no calibran la mira y comienzan a mostrar una mayor eficacia nada será hará más sencillo. Salvo raras excepciones, ningún equipo puede aspirar a cosas importantes si los principales encargados de meterla no cumplen con ese cometido.

Para atacar bien y defenderse mejor es necesario manejar la pelota. Al menos hacerlo de una manera correcta. De ahí nace la base del juego. Central no lo logra. El funcionamiento que tiene Russo como el ideal está lejos de aparecer. Fueron buenos los partidos que se hicieron ante Chicago y Atlético Tucumán, pero en las otras seis fechas todo fue una ráfaga de buenas intenciones. Sin volumen de juego nunca habrá grandes chances de generar peligro. Tampoco la posibilidad de defenderse de manera ordenada. Todo esto quedó expuesto ante Patronato, donde mientras Central mantuvo la pelota la cosa fue más o menos pareja, pero cuando la perdió el conjunto entrerriano lo complicó más de la cuenta. Ni hablar de lo que ocurrió después del primer gol, cuando las necesidades se potenciaron. Russo habló en la previa de un torneo de un equipo paciente, que tenga la capacidad de encontrar los momentos justos para atacar y en los últimos partidos en el Gigante hizo gala de la "verticalidad". Es sencillamente una línea de juego a la que apostar y trabajar sobre la misma. Hoy Central no sabe si es paciente o vertical. De allí que su juego, o al menos el afianzamiento del mismo, esté lejos del ideal.

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