Martes 31 de Diciembre de 2013
Los actuales directivos de Rosario Central y todos aquellos que pretenden serlo tienen un desafío ineludible en el 2014: demostrar que son capaces de construir un debate político consistente, maduro, sustentado en el sentido común y preservando los intereses deportivos del club, que tiene aún el reto de consolidarse en la primera división. Claro que la misión no parece sencilla, más si se tiene en cuenta el tenor de la contienda que ambos sectores mantuvieron en las páginas de Ovación este fin de semana, donde la mezquindad, el rencor y la utilización de la descalificación como herramienta de disenso llevaron la discusión a un terreno tan estéril como improductivo.
Es saludable que haya vida política en un club, también es importante que existan diferentes formas de pensar sobre distintas cuestiones que hacen a la vida institucional y deportiva, pero una compulsa ideológica se vacía de interés general cuando la discusión pasa sólo por la fecha de los comicios y no por las propuestas de gestión. Hasta ahora directivos y opositores se han degradado mutuamente, y así han devaluado la forma de hacer política, por lo que sería conveniente que eleven el nivel para no repetir errores que prometen corregir.