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Central: Al equipo le cuesta llevar a la práctica la idea base del DT

Transcurridas las primeras seis fechas del torneo es un tiempo considerable como para esbozar los primeros análisis de lo hecho, que incluye funcionamiento y puntos cosechados, siempre...

Jueves 12 de Septiembre de 2013

Transcurridas las primeras seis fechas del torneo es un tiempo considerable como para esbozar los primeros análisis de lo hecho, que incluye funcionamiento y puntos cosechados, siempre atendiendo a que la historia de Rosario Central se dirimirá en 38 fechas y no en 19. Sería algo así como instalar la distancia, si la hay, entre el qué y el cómo. Entre el objetivo planteado, aunque sea fecha tras fecha, y la forma en la que el equipo actúa para conseguir esos parámetros establecidos. El primer golpe de vista indica, sin temor a equivocaciones, que la ecuación numérica está por debajo del ideal. Y a eso se llega teniendo como referencia que el juego propiamente dicho se presenta al menos un escalón por debajo del las pretensiones.

Cualquiera que intente analizar la forma en la que juega un equipo indefectiblemente hará referencia a los rasgos distintivos que entregue el mediocampo. No es un análisis caprichoso ni mucho menos. Por algo se dice que si a los defensores les llegan con demasiada facilidad es porque los mediocampistas lejos están de ser el primer dique de contención. De la misma forma, si a los delanteros no se los abastece de la manera correcta suele ser porque las principales falencias se gestan unos metros más atrás. Hoy Central es un cúmulo de cosas. Hasta aquí emergieron equivocaciones atrás, en el medio y también en la ofensiva, donde nunca se alcanzó un mínimo de efectividad ante las situaciones generadas.

Si hay algo en lo que se hizo hincapié antes del inicio del torneo, cuando el equipo estaba recién en formación, no sólo desde lo futbolístico, sino también desde los nombres, fue que la base podía suplir las limitaciones propias del aprendizaje en medio de la contienda.

Para muestra basta con repasar lo que fue la conformación del mediocampo. En casi todos los partidos fue prácticamente la misma. Sólo se vio alterada por la lesión de algún que otro jugador, con una diferencia pronunciada en cuanto a minutos de juego en cancha entre unos y otros (ver aparte).

Russo se la jugó por los futbolistas que conoce más que a otros. Por eso Hernán Encina, Nery Domínguez, Federico Carrizo y Diego Lagos tienen la mayor cantidad de minutos sobre el lomo. Pol Fernández casi siempre ingresó y Eduardo Ledesma la única vez que lo hizo (en medio de un partido) fue para tapar un hueco en defensa.

Es imposible entrar en la comparación sobre si la forma de jugar que se tenía en la Primera B Nacional es suficiente para afrontar un campeonato de otra envergadura, con rivales que se presentan mucho más incisivos antes el error ajeno y que aprovechan cada uno de esos yerros.

En las primeras fechas (el triunfo contra Quilmes y la derrota ante River, más precisamente) el rendimiento fue óptimo. A partir de ahí la cosa lentamente se fue desfigurando. Ni siquiera la victoria frente a Godoy Cruz alteró el amperímetro sensitivo.

Es indudable que ese juego colectivo que camine de la mano con las garantías no está del todo establecido. Pareciera que todo se reduce a hacer lo que se puede porque lo que se debe hacer resulta una misión cuanto menos compleja.

El técnico conoce mejor que nadie a sus jugadores. Si hasta aquí no aparecieron variantes desde lo nominal (salvo el ingreso de Matías Ballini por Lagos en el último encuentro) por algo será. Pero lo que no puede faltar en la mesa de discusión es el salto de calidad que se necesita.

Difícilmente todo pueda reducirse a una cuestión de nombres y sería un error pensar que un sólo jugador puede solucionar las falencias colectivas. Lo que sí se puede hacer es perfeccionar movimientos, sincronizar acciones y amalgamar piezas.

Russo seguramente tiene muy en claro la idea madre de lo que pretende. Lo demostró después de un pésimo arranque en la B Nacional. Pero a esa idea le hace falta otra ejecución. Tener los mejores datos de una gran historia no sirve de nada si se carece de la virtud para contarla. Nadie discute que Central hoy sabe qué es lo que pretende, pero tampoco que aún no llega a desarrollar el cómo.

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