Celibato y Pedofilia (VIII)
Pocho Maineri en su carta "Celibato y Pedofilia (VII)" del 05/03/10 cita a Lord Kelvin en su discurso sobre las definiciones y desafía a Román Rey para que éste defina el don y la gracia divinos, y siento que puedo contestarle en dos sentidos. Primero, con respecto al don divino, le recomiendo la lectura analítica de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino (1225/1274)...

Lunes 08 de Marzo de 2010

Pocho Maineri en su carta "Celibato y Pedofilia (VII)" del 05/03/10 cita a Lord Kelvin en su discurso sobre las definiciones y desafía a Román Rey para que éste defina el don y la gracia divinos, y siento que puedo contestarle en dos sentidos. Primero, con respecto al don divino, le recomiendo la lectura analítica de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino (1225/1274) y con respecto a la gracia divina, los Tratados de la Gracia (De la gracia y del libre albedrío) de 24 capítulos de San Agustín (354/430), si es que desea informarse al respecto. Ambos filósofos escriben con incuestionable lucidez y pulcritud discursiva sobre el tema. Es decir, como lo desea Maineri, con palabras terrenales. Y se trata de tratados que en cuanto tales son de un rigor del que no dudan ni dudaron los más preclaros filósofos, más allá de que hayan o no coincidido con sus fundamentos. Segundo, y lo más importante, es que para enfrentar el desafío de Maineri habría que preguntarle si cree o no en Dios, ése es el punto de partida para la discusión al respecto del don y la gracia divinos. Si alguien no tiene fe en Dios, será imposible llegar a un punto en común porque la fe no es algo que existe porque se entiende, sino que existe porque se siente. Con el mismo criterio le preguntaría a Maineri qué es el amor y veríamos que su definición diferiría de la de otros porque estaría definiendo algo que siente él, subjetivamente, por más que lo manifestase con palabras terrenales. Por último, que Maineri afirme que el ciudadano común no tiene por qué dar ejemplo, es algo muy discutible, pues creo que debe dar ejemplo constantemente de civilidad, de respeto a todos los actores y sectores sociales, de comportamiento, de ser una persona apta para vivir pacíficamente en sociedad. Las altisonancias de la carta de Maineri lamentablemente no llegan a demostrarnos nada y dejo de lado lo que piensa sobre los religiosos católicos, porque al respecto ya me he manifestado en su momento y por este medio.

Carlos Italiano,

latinia@fibertel.com.ar