Domingo 28 de Febrero de 2010
Con respecto a la carta del señor Eduardo Aguilar, quiero refutar su opinión acerca del "llamado divino". Este llamado no es ninguna confusión y sucede realmente. No es fruto de la presión de los padres. Sólo es precisamente un llamada muy personal que Dios hace y uno, en su calidad de persona libre, elige seguir o no. Nadie está obligado a ser sacerdote y, además, sé que el seminarista tiene mucho tiempo para discernir si realmente el sacerdocio es su vocación. Además, el seminarista conoce en todo momento lo que implica ser sacerdote, qué reglas debe seguir, etcétera. Por otro lado, Dios, en su naturaleza de puro amor, jamás querría que nos azotáramos o provocarnos heridas. El sacerdocio es el servicio de uno puesto a los demás y elegido por pura libertad.
Javier Manzur
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