Viernes 18 de Septiembre de 2009
Una firma en un contrato de alquiler y el reconocimiento fotográfico de varias personas habían permitido a la policía identificar a uno de los presuntos ladrones que el 5 de agosto pasado asaltaron un corralón de materiales de Junín al 6100, donde un empleado murió al quedar en el fuego cruzado de la banda y un custodio. Tres días atrás los investigadores advirtieron que el hombre que buscaban estaba internado en el Heca, con otra identidad, y finalmente quedó preso.
El detenido por el violento golpe a la firma Laminex se llama Héctor Alberto L. Tiene 23 años y estaba evadido de la Unidad 3, de Riccheri y Zeballos, donde cumplía una condena a 8 años de prisión por hechos de robo. Está internado en el Heca con custodia permanente, aunque los investigadores evalúan trasladarlo al hospital Cullen de Santa Fe por razones de seguridad.
Está acusado de ser uno de los autores del asalto. Los médicos evaluaban ayer someterlo a una cirugía por la fractura múltiple de fémur que sufrió el viernes pasado en un accidente de moto. Lo indagarán cuando esté en condiciones de ser trasladado al juzgado de Instrucción de Juan Andrés Donnola.
La pista que dirigió las sospechas hacia el muchacho surgió el mismo día del robo a Laminex.
El incidente. Ese día, poco antes de las 14, una banda de hampones que portaban armas largas y pistolas interceptó a un empleado cuando bajaba de un Corsa blanco frente a la empresa. Llegaba de retirar una fuerte suma de dinero de la mutual Cameciar. Los ladrones le robaron un maletín con el dinero. Se desató un tiroteo con el vigilador que acompañaba al muchacho y una bala alcanzó en la espalda al portavalores, Gastón Luszczak, de 32 años, quien murió en el acto. Los ladrones escaparon con un botín estimado entre 120 y 150 mil pesos.
Luego se determinó que el disparo letal partió del arma del vigilador Oscar J., de 43 años, quien fue indagado por el homicidio. No está preso porque se le reprocha haber actuado con negligencia pero sin intención de matar a su compañero.
El auto y la pensión. Esa tarde, en un descampado situado entre Cristalería y Nuevo Alberdi, la policía halló envuelto en llamas el Volkswagen Fox usado por los maleantes. A cuatro cuadras de allí, en la habitación de una pensión de Grandoli al 2700, hallaron en una suerte de aguantadero una pistola cromada calibre 12.70 marca Armscor que había sido usada en el hecho, balas y el maletín arrebatado a Luszczak, vacío. Había papeles y documentos a nombre de Gastón.
Los vecinos contaron que el joven que habitaba en esa casa se había ido minutos antes en una moto. "Vamos, apurate", le escucharon decir a alguien que lo acompañaba. Los investigadores determinaron que esa habitación había sido alquilada un mes antes por un hombre que se radicó allí con su concubina y un bebé.
A partir de ese hallazgo, en la sección Análisis Delictivo y en la Brigada de Homicidios comenzaron a realizar tareas de inteligencia.
Por un lado, identificaron los prontuarios de personas implicadas en hechos similares al golpe de Laminex. Allí advirtieron que uno de los sospechosos, Héctor Alberto L., tenía el mismo nombre de pila que el inquilino del aguantadero.
En el contrato de alquiler había brindado un apellido falso. Había mencionado un domicilio previo que también era falso, pero los números coincidían con su verdadera dirección.
El inquilino. Ante esa sospecha, cuatro vecinos de la pensión fueron convocados a realizar reconocimientos fotográficos. En un álbum de cincuenta fotos todos señalaron a L. como el inquilino de la habitación allanada. Los efectivos también compararon la letra de L. que figuraba en el prontuario con su firma en el contrato. El trazo resultó ser muy parecido.
El viernes pasado, un hombre que dijo llamarse Héctor Alberto Ojeda ingresó al Heca con heridas múltiples. Cuando los policías fueron a chequear su identidad hablaron primero con su hermana, quien sin vueltas dijo que su apellido era L. Pese a ello, el paciente siguió negando su verdadera identidad hasta que fue confirmada mediante fichas dactiloscópicas.