Causa y efecto
¿Qué estamos haciendo con nuestra Tierra? Pregunta trillada, transitada, estereotipada. Dejamos la pregunta para cuando la Tierra ya respondió. Dejamos la pregunta sabiendo que la respuesta nos incomoda, pero no nos afecta.

Martes 11 de Marzo de 2014

¿Qué estamos haciendo con nuestra Tierra? Pregunta trillada, transitada, estereotipada. Dejamos la pregunta para cuando la Tierra ya respondió. Dejamos la pregunta sabiendo que la respuesta nos incomoda, pero no nos afecta. O eso creemos. O eso deseamos. Creemos o deseamos, que una inundación nada tiene que ver con la deforestación, que un terremoto nada tiene que ver con las excavaciones, que enfermedades no encuentran su germen en lo que despedimos al aire, al agua o enterramos en la Tierra. Una alergia, una malformación congénita, un cáncer, no tienen nada que ver con aquello. Son accidentes. No hay una relación causa y efecto entre esos sucesos y la acción del hombre. Este mito lo dejamos para hablar de la capa de ozono. Del cambio climático. O lo dejamos, si concedemos la causalidad, para zonas remotas. Acá nunca va a suceder. Esa realidad es una fantasía. Otra pregunta ociosa. ¿Qué podemos esperar de alguien a quién tratamos no como un ser sino como un objeto? Como un objeto sobre el cual asumimos, como derecho, la prerrogativa de hacer con el mismo lo que se nos antoje. ¿Qué esperamos? Que en algún momento explote y se nos rebele. Liberar su fuerza para que el otro tome conciencia de lo que hace. Solemos crecer creyendo que “el otro” sólo puede ser otra persona… Podemos animarnos a considerar que el otro también es un animal, una planta, un insecto, un árbol. Que el otro es… la Tierra. Dejémonos llevar hacia un pensamiento primitivo. Al menos cual juego. La Tierra es el otro. Ahora bien, ¿qué nos ofrece la Tierra? Hospitalidad. Un lugar para vivir. Para crecer. Para amar. Nos ofrece sus frutos, o sea, nos abre su heladera. Nos permite bañarnos en ella. Divertirnos en ella y con ella. Esta Tierra, ese otro, se ofrece para que hagamos nuestra experiencia en él, en ella. Nos deja jugar en su patio. Ese otro, la Tierra, es el lugar donde podemos ejercer nuestra libertad. ¿Y qué hacemos nosotros? Le robamos sus joyas, sus piedras preciosas. Pero no nos quedamos ahí. Sabemos que tiene más. Somos saqueadores, ladrones, pillos y sin escrúpulos. Lo torturamos, lo pinchamos, le metemos pico, pala, excavadora, hasta que le extraemos hasta la última pepita de oro… Abrimos su heladera y nos comemos todo. No reponemos nada. Nos dio una mano y le tomamos el codo. Somos huéspedes con derecho a todo. Hasta de hacer de la casa del otro, la propia. Llegamos a vivir en la Tierra y de la Tierra hasta ignorar, olvidar, que estamos en ella. Que esta casa no es nuestra. Pero eso no es lo peor: vivimos como si fuera nuestra. Y aun así hacemos lo que hacemos. Nos hacemos lo que le hacemos a la Tierra y no nos damos cuenta. Olvidamos algunas premisas enraizadas en nuestras creencias: no le hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti, ama al prójimo como a ti mismo, todo lo que va vuelve. Causa y efecto. ¿La realidad nos explotará en la cara y dejará de ser una fantasía? Causa y efecto. ¿Cuál será la esperanza de nuestros hijos? Causa y efecto.

Pablo Arosio / DNI 24.105.065 / Esperanza, Sta Fe