Domingo 21 de Marzo de 2010
El 3 de marzo de 1994 Omar Carrasco ingresó al cuartel de Zapala, en Neuquén, para cumplir con el servicio militar obligatorio. Tenía 19 años recién cumplidos y nunca había salido de su patagónico Cutral Có natal. De entrada se convirtió en el blanco preferido del jefe de su grupo, el teniente Ignacio Canevaro, para los bailes, salto en rana y otros ejercicios en las heladas madrugadas. Para Carrasco la colimba (palabra formada por un acrónimo alusivo a tres tareas de los conscriptos: correr, limpiar y barrer) duró sólo tres días. El 6 de marzo Canevaro, con la ayuda de otros dos conscriptos, le propinó una feroz golpiza. En vez de llevarlo a enfermería para tratar de salvarle la vida, lo escondieron en el baño, agonizante. Luego lo llevaron a un monte donde fue hallado un mes después, el 6 de abril. Se dijo que había muerto de frío al tratar de escapar del rigor, la disciplina y el orden del ejército. Las pericias demolieron la historia oficial y Canevaro fue condenado a 15 años de cárcel y sus ayudantes, los soldados Cristian Suárez y Víctor Salazar, a 10 años de prisión. Además quedaron en descubierto las falsas denuncias y las pistas ideadas para confundir a los investigadores. Siete militares, entre ellos un general, esperaron durante once años su juicio por encubrimiento. Finalmente fueron sobreseídos por prescripción del delito por el que fueron acusados. Quizás muchos jóvenes no conocen o no recuerdan este caso. Omar Carrasco cerró con su vida las puertas de la colimba. Por decreto 1537 del 31 de agosto de 1994 (presidencia de Menem) el servicio militar obligatorio pasó a la historia.
Carlos Alberto Parachú,
LE 6.012.558