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Casi 20 años reclamando por fallas en la construcción de un Fonavi

En el complejo de Vuelta de Obligado 4765 viven 84 familias que recibieron sus casas a partir de mayo de 1996. El expediente se inició cuando los departamentos estaban en garantía.

Lunes 09 de Junio de 2014

Cuando la familia de José Luis Tinnirello llegó al departamento Fonavi de Vuelta de Obligado al 4700, a mediados de 1996, sintió que por fin dejaría atrás una década de alquiler. Y poca atención prestó a los pisos levantados o algunas manchas de humedad que exhibían las paredes. "Total, las iba a arreglar después", pensó. Pero pronto descubrió que esos detalles eran señales de graves falencias constructivas como la falta de impermeabilización del edificio o cañerías de mala calidad. Desde entonces, junto a sus vecinos, viene reclamando que la Dirección de Vivienda de la provincia se haga cargo de la reparación del complejo y convive con los mismos problemas que denunciaron hace casi 20 años, lógicamente agravados por el paso del tiempo.

La historia de los Tinnirello se puede multiplicar por los 84 departamentos de las torres 1 y 2 ubicadas en Vuelta de Obligado 4765, construidas por la empresa Gyfsa SA, con dinero del Fondo Nacional de Vivienda (Fonavi) girado a la Dirección de Vivienda de la provincia.

Los departamentos se inauguraron oficialmente el 22 de mayo de 1996, como parte de un programa para facilitar el acceso de familias de trabajadores a una propiedad (para ser adjudicatario había que demostrar ingresos mensuales de entre 700 y 1500 pesos/dólares, en ese momento).

Pero el sueño de la primera casa duró poco. En junio de ese mismo año, los vecinos pidieron que la Municipalidad inspeccione las viviendas y constate varias falencias en la edificación de las torres. Y, diez meses después, formalizaron el primer reclamo ante la provincia por vicios constructivos.

Denunciaron filtración de agua por ventanas y taparrollos, levantamiento de los pisos, filtración de humedad en las paredes por falta de impermeabilización exterior, cañerías en malas condiciones, paredes rajadas y filtración de agua en la sala de máquina de los ascensores, entre otros problemas que todavía persisten.

Muchos vecinos ya intentaron varias veces, con mayor o menor suerte, reparar algunas de esas fallas. "El piso lo cambié hace mucho. También hice cuatro veces a nuevo la cocina y el baño, pero no hay forma de combatir la humedad porque en realidad es el caño maestro del edificio que se está rompiendo todo el tiempo. Llegamos a pedir presupuesto para reemplazar toda la cañería, pero además de ser carísimo no nos dan ninguna seguridad porque significa romper diez lozas del techo, cuyos fierros están completamente oxidados", se quejó Tinnirello.

El departamento de Mario Rajmil, del 3º A de la primer torre, luce impecable. Todas las paredes están recubiertas por Durloc "para disimular las manchas de humedad y las rajaduras", señaló. El lavadero es el único sector de la casa que quedó al margen de las reformas: el techo está negro y tres baldes en el piso recogen las gotas que caen.

En la segunda torre del complejo también hay humedad y caños rotos. Sin embargo, lo más acuciante es el sistema cloacal. Los desagües colapsan con frecuencia y las aguas servidas inundan los espacios verdes que rodean el edificio (donde se cavó una zanja para llevar el agua a la vereda) y la sala de máquina de los ascensores.

Cuando eso ocurre, el elevador no puede llegar a la planta baja para evitar cortocircuitos. "Hace un año que apenas se queda en el primer piso. Tengo un hijo discapacitado y tuvo que interrumpir su rehabilitación porque no puede salir", se quejó Luis Martín, del 10º D.

En garantía. Lo curioso es que, cuando los vecinos comenzaron a reclamar por todas estas falencias, las torres estaban en garantía. "Pero pasó el tiempo y esos fondos nunca aparecieron. Después, la empresa se presentó en quiebra y quedamos a la deriva", recordó el administrador de la primera torre, Hugo Carella.

Desde entonces, el expediente comenzó a peregrinar entre la Dirección de Vivienda, los Tribunales y la Defensoría del Pueblo.

En 1999, el director de asuntos jurídicos de Vivienda emitió un dictamen en el cual informó al titular de la repartición que "si la obra necesita reparaciones se deberá hacer el presupuesto de los trabajos y contratar su ejecución mediante las normas previstas".

También se dispuso suspender el pago de las cuotas de los departamentos durante un año y hasta tanto se solucionaran los desperfectos.

"Pero no pasó nada", sostuvo Carella, y resaltó que aún así muchos están pagando las cuotas, e incluso la deuda que se contrajo durante esos años. "No nos negamos a pagar. Lo que demandamos es que arreglen los desperfectos y que nos den el final de obra de las viviendas", enfatizó.

En 2007, el reclamo recaló en la Defensoría del Pueblo, desde donde se recomendó a Vivienda "instrumentar los mecanismos contemplados por la normativa vigente para resolver en forma inmediata la petición".

Y el año pasado volvieron a llevar sus demandas a ese organismo, soliciando que se contemple la inclusión del complejo en el programa de mejoramiento de barrios Fonavi lanzado por la provincia.

Por lo pronto, siguen esperando, como en el sketch del trámite del arbolito, que alguien responda al reclamo que iniciaron hace casi 20 años.

Sobreprecios denunciados

En 1996, los adjudicatarios de viviendas de Vuelta de Obligado al 4700 denunciaron también la sobrevaluación de sus departamentos. En base a un informe de la Subsecretaría de Vivienda de la Nación, advirtieron que se pagaron 611,70 pesos por cada metro cuadrado construído, casi el doble del valor promedio para toda la provincia ($350) y también por encima de otros valores como el de Tierra del Fuego ($571) o La Pampa ($275).

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